CADA VEZ QUE UN MAL PROYECTO MUSEOLÓGICO SE LLEVA A CABO, DIOS CASTIGA A UN GATITO (O A UN PROFESIONAL EN PARO). Capítulo 5


  Durante varios años se ha realizado en Málaga un esfuerzo titánico por poner en valor el casco histórico de la ciudad, por dotarla de infraestructuras e instituciones que le dieran relevancia a nivel cultural e histórico, dada su candidatura como “Ciudad Europea de la Cultura 2016”.
  Esto no es en sí mala cosa, pero como siempre, podemos caer en contradicciones o falta de sentido en algunos de los proyectos. La apertura masiva de museos que ha tenido lugar en Málaga llega incluso a hacernos pensar en la falta de viabilidad de estas iniciativas o en su falta de legitimidad, de necesidad… De hecho, algunos de ellos, que llegaron a abrir sus bolsas de trabajo, al final quedaron en el aire a la espera de no se sabe qué, como el museo especializado en gemas. También se abrió el museo “Revello de Toro”, dedicado a un artista malagueño vivo, que para muchos, no hace sino marcar un carácter localista y responde a simpatías personales del equipo de gobierno del Ayuntamiento, más que a un verdadero interés por parte de la sociedad malagueña en la figura de este pintor. Os facilito las páginas web y noticias al respecto:
  Uno de los grandes esfuerzos y de las grandes satisfacciones para el equipo de gobierno malagueño, ha sido la apertura del Museo Carmen Thyssen Málaga  (Web Museo Carmen Thyssen Málaga). Situado en pleno centro de la ciudad, a pocos metros de la plaza de la Constitución y la calle Larios, en el palacio de Villalón del s. XVI, pretende ser uno de los mayores atractivos culturales y turísticos de la ciudad, al nivel del Museo Picasso Málaga. La institución nace del préstamo por 10 años de 230 obras de la colección personal de Tita Cervera al Ayuntamiento de Málaga. El museo está gestionado por la Fundación “Palacio Villalón” de la que forman parte la baronesa y su hijo, Borja, y el Ayuntamiento de la ciudad.
  Ya desde su inauguración el 23 de marzo de 2011, y sobre todo con la dimisión de su directora María López Fernández y del asesor de la fundación gestora del museo, Tomás Llorens, la institución ha estado envuelta en la polémica. En primer lugar, dicen las malas lenguas, que la fecha de la inauguración fue adelantada de forma repentina a razón de las inminentes elecciones locales. En segundo, estas dos significativas dimisiones, airearon la excesiva intrusión política en el quehacer del museo. De hecho, la causa de ambas dimisiones vino provocada por la transformación del equipo directivo del museo, pasando la hasta entonces directora a “directora artística”, y nombrando como “director gerente” a Javier Ferrer, jefe del gabinete del alcalde, Francisco de la Torre, y que según palabras de Llorens: “Carece de experiencia en la gestión de museos o instituciones artísticas (…). Un síntoma claro de la voluntad del Patronato del museo de relegar en su gestión las cuestiones histórico-artísticas a un nivel secundario“.
  Con todo ésto, sólo pretendía dibujar la trayectoria del museo en lo que va desde su apertura, de la que no hace aún ni un año. Creo que es significativo y que, de alguna manera, estas circunstancias tendrán repercusión en lo que verdaderamente quiero analizar en este post: la exposición permanente del museo.
  Sería estúpido dudar de la calidad de la colección de Carmen Thyssen, la cual es completísima y llena de obras maestras de la pintura española del s. XIX. Pero, en mi opinión, no sólo son necesarias obras maestras para realizar una buena exposición, es más, pienso fírmemente que el poder contar con ellas es solamente un añadido, pues con obras menores se pueden realizar magníficas exposiciones. La calidad de la exposición depende, en mucho, de un elaborado y estudiado proyecto expositivo, que nos quiera dar un mensaje claro y directo, quizá reflexivo, y que, para ello, utilice sabiamente los recursos museológicos y museográficos existentes.
  Fui a visitar el museo a principios de junio. Debo decir que la restauración del edificio es, sin duda, inmejorable. Además de respetuosa con la historia del edificio, pone en valor restos arqueológicos romanos hallados en el subsuelo. La adecuación a la función actual de museo no deja lugar a la crítica, teniendo, además, detalles de un gusto exquisito, como el hecho de que, a través de las ventanas abiertas en la salas y tamizando la luz, han dejado que los alrededores del edificio, de gran belleza, entren en el museo y formen parte de la colección.
  El problema viene ahora. No es que yo esperara una museología y museografía rompedora como, por ejemplo, en el Museo de Orsay, pero sí al menos, un criterio lógico y ordenado. Una selección de obras que ilustraran un discurso cuidado.
  Museológicamente, aunque la colección está ordenada por estílos (costumbrismo, paisajismo, etc) y de manera más o menos cronológica, resulta que cuando nos adentramos en las salas no entendemos ni podemos disfrutar de las obras. La cantidad ingente de pinturas expuestas (la mitad de los fondos de la colección), hace que éstas estén amontonadas, con muy poco espacio para que podamos apreciarlas y disfrutar de la singularidad de cada una de ellas. La colocación de obras de gran calidad al lado de otras mucho menores, y donde se repiten los temas hasta la saciedad, hace del discurso algo difuso. ¿Qué se pretende con ello?. No necesitamos ver 20 gitanillas, 30 marinas, etc, para entender lo que esas pinturas significaban y querían transmitir. Es más, la excesiva información aportada por las obras hace que lo genial se diluya ante el TODO. No encuentro un significado en este proyecto expositivo. A mi parecer, el único mensaje es: “Mirad todo lo que tengo”. Parece el “gran bazar chino del arte español del XIX”.
  En museografía los fallos son gigantescos. Las obras no tienen espacio suficiente, están colocadas sin seguir una línea de horizonte que nos permita hacer un recorrido sin que la mirada vaya saltando de unas a otras. Las cartelas están colocadas sin orden ni concierto, ahora a la derecha, más tarde a la izquierda, a alturas diferentes y con una letra diminuta, lo que hace imposible a una persona con problemas de visión leer lo que en ellas está escrito. Sí, se ha pensado en las personas de movilidad reducida, pues en un museo de nueva apertura es imposible no tenerlo en cuenta, y el edificio aún siendo del siglo XVI, ha conseguido adaptarse sin problemas a éstas necesidades, pero, ¿y los problemas de visión?. Es una cuestión de solución muy sencilla, y sin embargo, las cartelas no se adaptan.
  Por último, hasta pasados varios meses de la inauguración, no se abrieron las salas de exposiciones temporales. Cuando yo fui estaban cerradas. ¿Cómo es posible que no se contemplara ésto en el proyecto museológico?. Se me hace difícil entender cómo un museo con una partida presupuestaria considerable, ha presentado un proyecto museológico y museográfico tan deficiente. No sé exactamente a cuánto asciende, pero en vista de como otros muchos museos llevan a cabo su actividad con un presupuesto ínfimo, me resulta de interés resaltarlo. Y me sorprende más aún, ya que la exdirectora es una reputada profesional con una enorme trayectoria a sus espaldas. Sí, si decides entrar aquí debes seguir los mandatos de la Fundación, pero, ¿no se pudo hacer de manera más científica, estudiada?. Quizá esto adquiera sentido en esta frase : “La baronesa, que ha participado activamente en la preparación y colocación de las obras, ha cuidado el componente familiar” (Artículo de “El País” del 24 de marzo de 2011). ¿Por qué no se deja a los profesionales actuar con libertad?. ¿Habrá sido ese el problema?. En un proyecto museológico se establece una temporalidad, unos plazos para la correcta realización y puesta en marcha de cada uno de los puntos. ¿Será la inauguración anticipada la responsable de estos fallos?.
  Pues, ésta es mi crítica, espero constructiva. Me he basado en datos objetivos y en criterios propios de la ciencia museológica.
  Por último, decir que yo envié mi CV para diferentes puestos en este museo. No me seleccionaron, y ya no creo que lo hagan. Quizá tuvieron razón con su decisión.