Aire.


Sentirte suspendida en el aire. Cada soplo, cada pequeña brisa, te empuja hacia un lugar u otro. Tu resistencia se diluye entre la contaminación y el polen.

No hay donde agarrarse. Ningunas manos tiran hacia sí de tu cuerpo translúcido.
Haces como que nadas en este limbo gaseoso. A veces denso. No avanzas.
Piedras. Necesitas piedras en los bolsillos. Manos, brazos, labios, cabezas, certezas. Recuperar el peso.
Y dejarte caer.