REFLEXIONES DE UNA NOVATA EN ARCO. Capítulo 11


Enfrentarse a la hoja en blanco es realmente duro. Más cuando es la primera vez que escribo sobre algo que no creo conocer del todo bien, o al menos, de primera mano. Nunca había asistido a una feria de arte, aunque por supuesto, he seguido las noticias sobre ellas. 
No quiero perder de vista en mis opiniones que las ferias, junto con las subastas, son por excelencia el lugar donde el arte es verdaderamente mercado. No es que en el resto de lugares o instituciones no lo sea, pero quizá en ellas se hace verdaderamente patente y, por ello, no debemos olvidar que primarán las sinergias propias del mismo, por encima de otras que pudiéramos considerar como más “espirituales” o “emocionales”. Y al final, el valor sentimental del arte, ¿no es un valor añadido?. A veces me lo planteo seriamente, después, miro una obra de alguno de mis artistas preferidos o algún recién llegado que me fascina, y vuelvo a creer que el arte es algo más. Que puede cambiar en algo el mundo. Ésta es mi lucha interna, la batalla entre el objeto de mercado y el significado emotivo y de diálogo del mismo. Puede ser que los que han conseguido copar los dos ámbitos sean los grandes. Puede ser, quizá….
En principio debo decir que la feria me gustó, pero que al mismo tiempo me pareció poco atrevida, nada de transgresión, nada de riesgo, una apuesta clara por lo “clásico”: pintura, algo de instalación y poco más. Es lógico pues, en tiempos de crisis, las galerías supongo que apuestan por los valores seguros, por las ventas claras, pero… ¡estamos en el siglo XXI!!!!, ¿qué pasa con los pioneros?, ¿con los que innovan?, ¿con los artistas más singulares que experimentan?. ¿Dónde está el relevo generacional?. De todos modos, es imposible negar el placer de contemplar un Bacon, algo de Marina Abramovic, unas fotografías de Mapplethorpe, etc. Y como no, saber el precio. Esas cifras que hacen que los ojos se te pongan como platos y que entiendas por qué tú nunca pertenecerás a ese grupo tan selecto. Lo bueno es que tengo ojos y algo de criterio creo que también. La capacidad de sorprenderme, ser crítico o emocionarme, no me la quita nadie.
Comenzaré hablando de Eugenio Merino y su obra “Always Franco”. No puedo decir que no esté lograda, conseguida, eso es obvio, pero a mi parecer, no aporta nada. Bueno sí, polémica. Me da la sensación de que se ha seguido el dicho “que hablen de mí aunque sea mal”. Me parece absurdo todo el revuelo organizado entorno a la obra, que al final, tampoco me parece tan crítica. Hay obras menos escandalosas que son mucho más afiladas, denuncian mucho más, pero claro, no son tan directas. Te debes parar a mirar y reflexionar.
Eugenio Merino
Hubo cosas que me hicieron sentir en casa, como la alegría de ver a “viejos” conocidos. Algunos que empiezan prácticamente su andadura y otros que llevan ya años luchando, buscando su sitio y que parece, lo van encontrando, cosa que me hace muy feliz. Entre ellos Javi Calleja, Santiago Ydáñez o Daniel Canogar.
Javi Calleja
Santiago Ydáñez
Daniel Canogar
Dos obras, dos autores, que no conocía y realmente me sorprendieron muy gratamente. Una de estas obras fue “Carroña” de Javier Pérez en la galería Carles Taché. Me fascinó por su elegante crítica, poesía visual, atrayente. La otra, que creo, pasó desapercibida quizá para muchos y que me mí me pareció fantástica, delicada, elegante, es la obra “Me despido de ti III” de Jorge Mayet (galería Horrach Moyà). Artista cubano afincado en Mallorca. Algunas de sus declaraciones para el “Diario de Mallorca”: “Pienso en imágenes y creo que las imágenes contemporáneas están basadas en la realidad pura y dura. No veo la diferencia entre pintura y escultura. La imagen es lo que prima en lo que cada uno quiere contar”
Javier Pérez
Javier Pérez
Jorge Mayet
Quiero resaltar una galería colombiana, “El Museo”, por algo lo latinoamericano está de moda. Buenísima calidad de obras y de artistas, como Juan Francisco Casas.
Juan Francisco Casas
Juan Francisco Casas
Muy interesante me pareció el stand de “El País” dedicado al graffiti. El que me gustara no deja de hacerme pensar sobre una cuestión: ¿Es necesario que un arte callejero se mueva en este tipo de eventos?, ¿no pierde así su sentido, su libertad, su capacidad crítica?. Ahí lo dejo…
                                     
                                     
       
                                     
Una obra a resaltar de Fernando Sánchez Castillo en la galería Juana de Aizpuru, es la siguiente instalación:
Fernando Sánchez Castillo
                                     
Una imagen simple, clara, que nos evoca los cuarteles de la Guardia Civil (con todo lo que eso conlleva) y que está cargada de crítica irónica. No es tan llamativa como “Always Franco” por supuesto, pero ahí, en su rincón, es tan afilada como la otra, o más. Sacude, transmite a la perfección la idea. Podríamos calificarla de conceptual, pero el concepto es claro. Para mí, mucho mejor ésta, a todas luces.
Por último podría subir imágenes de los clásicos que había por todos lados, pero no lo considero necesario, ya que todos sabéis quiénes son y qué galerías los mostraban. 
Pues para terminar, mi conclusión: ARCO valió la pena. Me gustó aún sin ser lo transgresor que esperaba. Los grandes son apuestas seguras y las galerías no están dispuestas a perder un euro. Una feria de arte comtemporáneo “clásico”, pero de calidad, como no. Por otro lado, me encantó ver que había mucha gente joven, gente que parecía estar ahí como yo, sólo para observar y disfrutar, y de camino, aprender algo sobre todo ésto, que no es fácil. Así que en resumen, sí hay gente interesada por el arte contemporáneo y mucha. De todos los niveles además. Pero me preocupa una cosa. La accesibilidad. 40 euros de entrada es un precio prohibitivo para muchos de nosotros (estudiantes, personas en paro aunque profesionales del sector, etc). Yo me puedo dar con un canto en los dientes ya que entré, gracias a mis amistades dentro de estos espacios, con entrada VIP (¡yo VIP!!!!), pero me imagino la gente que le hubiera encantado ir y que no pudo por esta razón. Está claro, que no el arte en sí mismo, pero sí su mercado, su mundo, es elitista. Bienvenidos a esta partida de ajedrez. Los peones también sois importantes, aunque sea para hacer relleno.