YO VULGARIZO, TÚ VULGARIZAS, NOSOTROS VULGARIZAMOS. Capítulo 17


Lo primero de todo, a la hora de comunicarnos, es hablar el mismo lenguaje. A mayores obstáculos en el lenguaje, más difícil será transmitir nuestro mensaje y hacernos comprender. Ya sé que ésto lo sabemos todos, pero en muchos ámbitos y ocasiones, existen personas que parecen olvidarlo. 
Si nos fijamos bien, parándonos un momento en las palabras que usamos habitualmente, podremos observar la cantidad de matices que unos caracteres o sonidos encierran, y que van más allá del mensaje que en ese momento queremos dar. Llegan a tocar la idiosincrasia propia y común, colectiva. La manera de hacer de allí donde aprendiste a hablar. Cuando vivía en Roma, una de mis jefas era filóloga (italiana, claro) y recuerdo tener charlas casi a diario sobre palabras y expresiones, sobre cómo reflejan la manera de pensar de un pueblo, comparando entre el español y el italiano. Debo reconocer que me encanta perderme en este tipo de reflexiones.
Todo esto era sólo una presentación del tema del que quería hablar en este post. En algunos seminarios y congresos de museología, he encontrado personas que defendían que, usar un lenguaje directo, claro, sin perdernos en términos excesivamente técnicos (sólo aptos para expertos) dentro del museo, era vulgarizar el lenguaje.
                                   
Bien pues, yo no puedo estar más en desacuerdo con esta idea. A mi parecer, la accesibilidad en el museo comienza por el lenguaje. Recordemos que la tendencia, que no es sólo moda, sino la nueva forma de entender el museo, es llegar a cuantas más personas mejor. Por ello, usar un lenguaje experto y elitista, conseguirá lo contrario. ¿Cómo podemos esperar que la gente se sienta atraída por conceptos que no entienden y de los que nunca oyeron hablar?. Y además de no entendernos, creamos una sensación en ellos de estar por debajo, de ser menos, de no tener una educación tan elevada… Es decir, justo lo contrario de lo que se pretende. A mí no hace más que enfadarme encontrar a personas que piensen así, y lo peor, es que siempre ha sido gente joven. Los que están empezando.
Debemos tener en cuenta también otros factores que en todo ésto, entrarían en juego. En España la mayor parte de los museos son públicos, y eso significa que no sólo el dinero con el que realizan su actividad, es de todos y recaudado de nuestros impuesto, si no que también los fondos, la colección, el patrimonio que conservan, custodian y difunden, es nuestro. ¿Sería lícito entonces que los que lo gestionan, que no son más que eso, quieran hacerlo inaccesible al público, su dueño?, ¿cómo podríamos pedir que los ciudadanos valoren su patrimonio, su cultura, su pasado si lo alejamos de ellos, si les ponemos trabas para que puedan conocerlo, respetarlo y cuidarlo?. Estoy segura que profesionales de este tipo son los que después se quejan de que la gente no se fije, no comprendan ni valoren su entorno. Pura hipocresía  y clasismo, tal y como yo lo veo.
                                            
Por otra parte, las instituciones privadas o mixtas, dedicadas a la cultura y al arte de un modo u otro, reciben dinero público, sea a través de subvenciones, edificios cedidos, fondos. Éstas lo tienen mucho más claro, pues si consideramos también la cultura como producto (de enriquecimiento, claro) a más visitantes, más pago de entradas, más compras de merchandising, más cafés en la cafetería de sus instalaciones…
Yo tampoco comparto la idea de tener que llevar a todo el mundo al museo a la fuerza. Últimamente parece que se ha convertido en una obligación. Si no vas a ver la última exposición de turno del museo X, no molas, no estás “en la onda”. No, no creo en eso. Pienso que las personas deben disfrutar de lo que vayan a ver y por ello, deben decidir qué les apetece y qué no. Pero sí que estoy convencida que los profesionales somos los que debemos darles las herramientas, ponerlo a su alcance, darles a conocer la exposición tal o la actividad cual, y que sean ellos los que, teniendo esa información (cercana, amena) decidan cuándo quieren disfrutar de esa experiencia. Únicamente de esta forma se tendrá un buen recuerdo del museo. Lo considerarán una forma de ocio, aprendizaje, reflexión y disfrute.
                                     
El museo de hoy y el del mañana, es un museo democrático donde hay sitio para todos. Dónde vamos a disfrutar, a conocer lo nuestro y lo de otros, que también es nuestro, pues son manifestaciones propias de la humanidad. El museo debe ser un ente descodificado, que no descontextualizado. Es la sociedad la que legitima y da sentido a los museos. Ellos deben integrarse en su entorno y formar parte activa de él.
SeñorAs, si pensar exposiciones, textos de pared, actividades, etc con palabras entendibles por la mayoría, si acercar nuestro patrimonio a todos, es vulgarizar el lenguaje, yo soy muy vulgar. Mucho, y me alegro de ello.