VOGLIO VEDERTI DANZARE. Capítulo 37


Cuando me preguntaban de pequeña: “¿tú que quieres ser de mayor?”, siempre respondía lo mismo: “bailarina”. No será nada muy extraño, supongo, pero es que yo quería serlo de verdad, verdad. Mi tía abuela se enfadaba y decía: “¡tú tienes que aprender a hacer cuentas para ayudar a tu padre en el bar!”. Mi respuesta era que se olvidara de eso. Yo, cuando tuviera 18 (porque antes mis padres no me iban a dejar), me iría a Madrid y sería una gran bailarina con tutú y todo.
La cosa, como sabréis, no fue así, pero al menos he tenido la suerte de hacer mis pinitos y con grandes resultados. A los 10 me mudé a un pueblo algo más grande donde, para mi felicidad, había escuelas de danza y flamenco. Y ahí empezó todo. Durante unos ocho años toqué bastantes palos (nunca mejor dicho): ballet clásico, danza contemporánea, clásico español y flamenco. No es porque sea yo quien lo cuente, aunque no me pidáis objetividad, claro, pero valía. Sí que valía para ello. De hecho, con el flamenco llegué a bailar como profesional en un cuadro. Lo dejé cuando empecé a estudiar la carrera, que hay que estudiar para labrarse un futuro (¡qué paradoja, eh!). Ahora el futuro es incierto para todos, pero no es que me arrepienta. Con el arte y la museología encontré una segunda vocación, y esos años dedicados a la danza, aprendiendo y esforzándome, me han servido para mucho. Sobre todo, para amar y respetar la danza. Reconocer el valor del trabajo duro, el saber entregarse a un sueño, por hacer arte, por vivir de él y para él. Admiro profundamente a las personas que se dedican a la danza. Es muy difícil, no sólo por las oportunidades, escasas como en todo lo cultural, sino por el sacrificio mental y físico que supone.
Recuerdo la primera vez que vi un ballet en directo. Fue el de Víctor Ullate, con el espectáculo “Arrayan Daraxa”. De ahí salieron algunos de los grandes bailarines que ha dado nuestro país: Tamara Rojo, Igor Yebra o Ángel Corella. Creo que nunca en mi vida he sentido tanta emoción. Estuve prácticamente una semana hablando de ello. La coreografía, los bailarines, la música, el vestuario… Me pareció algo casi sobrenatural, mágico. Aún guardo los autógrafos que pedí a los bailarines cuando acabó el show. Toda una grupi yo.
¡Cuántos recuerdos y qué buenos todos!
Hace un par de años, hablando con un amigo que intenta dedicarse a la danza, y que él si que se fue a Madrid para conseguirlo, me enseñó un vídeo que me dejó con la boca abierta. Se trata del espectáculo y también película “Amelia”, de la compañía canadiense La La La Human Steps.
Sobre ellos han dicho cosas tan impactantes como ésta:
“Es imposible imitar la técnica de Lock, no tiene imitadores: sus bailarines se mueven a una velocidad que parece desafiar lo que es humanamente posible”. Tatyana Kuznetsova.
La La La Human Steps fue fundada por el coreógrafo Édouard Lock en 1980 en Montreal, Canada. Desde sus inicios, la compañía ha sido reconocida como una de las mejores a nivel mundial, no sólo por la calidad de las coreografías y de los bailarines, a los que se les pide continua evolución y redefinición en su actitud ante la danza, sino por sus colaboraciones con grandes artistas como Iggy Pop, My Bloody Valentine, Frank Zappa o David Bowie. Para Bowie, Lock trabajó como director artístico en su gira “Sonido y Visión” de 1990.
   
                                            
Desde 1985 con el espectáculo “Human Sex”, la compañía de Lock ha estado girando por todo el mundo, encabezando la vanguardia de la danza y manteniendo cada show durante más de dos años en cartel. 
Édouard Lock ha creado coreografías para muchas de las grandes compañías actuales, como la de La Ópera de Paris, el Het Nationale Ballet de Holanda o el Nederlands Dans Theater. Sus premios y reconocimientos son incontables, pero lo mejor es que disfrutéis de la gran cantidad de vídeos y referencias que hay sobre La La La Human Steps en la red, y si podéis, vayáis a verlos en directo si pasan por aquí (la última vez fue en 2011 con “New Work by Édouar Lock”). ¡Ah!, y avisadme. Me muero de ganas de asistir a cualquiera de sus fantásticos shows.
¡Feliz día de la danza! “Porque bailar es soñar con los pies”…