ÁLVAREZ BRAVO, EL FOTÓGRAFO DE LOS DOMINGOS. Capítulo 38


No es que sea una verdadera entendida en fotografía pero me gusta mucho. Hay algo de mágico en muchas imágenes fotográficas, algo que atrapa. Creo que esa es la diferencia entre un buen y un mal fotógrafo, o entre una fotografía que pueda ser tratada como arte, y la que no. Hoy en día con las cámaras digitales y todos los recursos tecnológicos a nuestra disposición, parece ser que cualquiera puede ser un buen fotógrafo. No nos engañemos, eso no es así.
Como ya sabéis, una de mis fotógrafas preferidas es Francesca Woodman pero, casi por casualidad como suele ocurrir con el arte que marca, descubrí a un verdadero genio de la fotografía: Álvarez Bravo. Hasta el día 19 de mayo podéis visitar una fantástica exposición en la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre en Azca, no solo con sus fotografías más representativas, sino  también con documentación, manuscritos, cartas y algunas muestras de sus experimentaciones cinematográficas.

“Los Agachados, 1934”

Manuel es el fotógrafo mexicano más representativo de la contemporaneidad. Con una vida larguísima, llegando a los 100 años (1902-2002), su ingente legado es un recorrido no sólo por un México en cambio, sino por las vanguardias artísticas, por la captación de la sensibilidad, por la universalidad del arte. Sus imágenes nos hablan de un momento y un lugar en algunas ocasiones, en otras sin embargo, son representaciones simbólicas de una estética, de un movimiento artístico. La plasmación en fotografía del surrealismo o el constructivismo.

“Ondas de Papel” 1928

“Tríptico Cemento-2/La Tolteca” 1929
Su primera cámara la compró en 1915, y comenzó a experimentar pues, aún teniendo una formación en arte y música recibida en la Academia de San Carlos, se puede considerar que fue totalmente un autodidacta. Sus imágenes, en blanco y negro en su mayoría, van desde lo folclórico o lo fotoperiodístico, a lo poético.
Uno de los rasgos más representativos de Álvarez Bravo es el juego de la mirada. Combina de forma magistral en muchas de sus fotografías los reflejos, estableciendo un relación recíproca entre el que mira, el que es fotografiado y el que fotografía. Todos, los tres, estarán presentes en algunas de sus piezas. Miradas que van y vienen, entran y salen de lo fotografiado, traspasando los propios márgenes de la obra.

“Parábola Óptica” 1931
En otras ocasiones, las obras nos muestran arquitecturas que son encuadradas de manera tal, que llegamos olvidar que se trata de edificios o estructuras, y solo observamos formas puras: rectángulos, cuadrados, círculos… Crea esculturas visuales.
Estuvo muy cerca del surrealismo y, de hecho, André Breton le encargó una fotografía para la portada de un catálogo de una exposición surrealista aunque, el mismo Breton finalmente la censuró. Aún así, ésta fue la obra que le llevó al reconocimiento internacional. Trabajó cerca de los grandes muralistas mexicanos, como Rivera o José Clemente. Su fotografía más documental formó parte de la revista Mexican Folkways. Grandes museos como el MoMA de Nueva York poseen obras del fotógrafo en su colección.

“Obrero en Huelga, Asesinado” 1934

“La Buena Fama Durmiendo” 1938
En 1931, con el dinero de un premio de fotografía que había ganado, compra la cámara que Tissé había usado en la película “¡Que viva México!” de Eisenstein. Filmó algún documental y realizó películas experimentales en super 8 y 8 mm, e incluso colaboró en varias películas de Buñuel
La fotografía de Álvarez Bravo es una muestra de la persona en soledad, de objetos animados, del ser humano como generalidad. Captó imágenes que se convertirían en referencia de las luchas sociales del s. XX. Construyó posados que bien podían haber salido del manifiesto surrealista. Indagó en lo inerte. Fue un paciente espectador de la vida cotidiana, esperando horas en la calle para conseguir la foto perfecta. “Debes de ser paciente”, le decía a su discípula y fantástica fotógrafa también, Graciela Iturbide. En ella ha quedado mucho de él. Sus obras, aunque diferentes y con un lenguaje propio, demuestran su influencia. Conocí antes la obra de ella que la de él, pero aunque no supieses nada de la relación entre ellos, al ver la exposición te das cuenta de que los lenguajes confluyen. Ambos hablan el mismo idioma.

“La Hija de los Danzantes” 1933

Graciela Iturbide “Chalma, México” 2008

La exposición de la Fundación Mapfre es exquisita. La selección de obras, iconos del s. XX, el diálogo que se establece entre las diferentes piezas y los documentos, la distribución de las mismas en ejes temáticos que son descritos perfectamente con una sola palabra: “Formar“, “Construir“, “Aparecer“, “Ver“, “Yacer“, “Exponerse“, “Caminar” y “Soñar“. Estas ocho palabras, estos ocho verbos pueden resumir la obra de este magnífico artista. 

“Gorrión, Claro!” 1938-1939

“Castillo en el Barrio del Niño” 1990

Y como os decía al principio de este artículo, la diferencia entre un buen y mal fotógrafo es que las imágenes atrapen. Las fotografías de Manuel Álvarez Bravo atrapan, sí y además, hablan, reclaman, enganchan, condensan en sí mismas lo artístico y lo social, lo vital, del s. XX.

Quedan pocos días. No os perdáis la exposición.