DE CARA AL PÚBLICO. Capítulo 45


Normalmente los profesionales de museos nos perdemos teorizando durante horas sobre la forma de acercar el museo al público. Al visitante. Estas teorías son positivas para el desarrollo y construcción de nuevas estrategias y líneas de pensamiento que consigan que, finalmente, el museo sea un lugar en el que todos tengamos un espacio, en el que todos podamos encajar, aprender, compartir y disfrutar. Pero… ¿Y si nos estamos olvidando de lo más básico? Cuando vamos a un museo, ¿en qué nos fijamos primero?
Pues sí, creo que se nos había olvidado, al menos a mí, tratar un tema que es tan importante como todos los demás: los trabajadores que están de cara al público. Y me gustaría puntualizar. No me refiero a, por ejemplo, el departamento pedagógico aunque ellos también estén de cara al público. Me refiero a todos aquellos que están (yo también lo estuve) en la recepción, librería, como vigilantes de sala, etc. Digamos, los encargados de “servicios”. 
Estoy segura de que cada uno de los que leeréis este post habéis tenido una mala experiencia con algún vigilante o recepcionista, ¿verdad?. Es curioso que estas malas experiencias suelen darse mucho más en los museos de nuestro país que en el extranjero, sobre todo en el ámbito anglosajón donde las críticas a estos trabajadores suelen ser positivas, y además, las contamos con sorpresa.
Por supuesto, podemos tener la mala suerte de encontrarnos con alguien que tenga un mal día pero, ¿por qué esta sensación es tan generalizada?.
Quizá deberíamos comenzar analizando la situación laboral de este personal. No siempre, pero en muchos casos, es personal subcontratado, por ello, el sueldo suele ser menor del que en principio les debería corresponder, ya que la empresa intermediaria toma su parte. Los contratos también suelen ser peores que si contratara el museo directamente. En ocasiones, los trabajadores de limpieza ganan más y tienen mejores condiciones que este personal. ¿Y esto está en consonancia con la preparación que se exige para el puesto? La respuesta es no. Aunque, como siempre con excepciones, para este tipo de puestos se exigen idiomas, una formación universitaria afín (historiadores del arte, etc) e incluso personas con una formación superior que esperan una oportunidad.
Como comprenderéis, la situación que os dibujo es frustrante e injusta. De todas formas, tampoco eso debería justificar la hostilidad con la que somos recibidos o amonestados en un museo. Por ello, ¿se valoran cualidades tales como la amabilidad, la predisposición, la rápida toma de desiciones, etc, a la hora de contratar al personal que estará de cara al público? ¿Deberían tener más peso estas cualidades personales?
Pero seguiré haciendo una descripción de la situación de la mayoría de estos trabajadores. Creo que no me equivoco al afirmar que ellos no son tenidos en cuenta por los especialistas. Los curadores o comisarios, los directores, los conservadores, apenas recaen en su presencia. No los conocen. A veces ni dan los buenos días cuando, incluso, no hay diferencia en la formación o capacidad. 
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Desde el museo no se les forma, no se les da material para que investiguen sobre esta o aquella exposición, no se les da unas reglas básicas de cómo deben dirigirse al visitante, no se les trata como parte fundamental del equipo, que en definitiva, es lo que son.
Podemos tener unas buenísimas campañas de difusión, pedagogía, participación, pero si este primer eslabón del complejo sistema que es un museo no se cuida, no se elige con mimo, no es tratado adecuadamente, todo el trabajo fracasará.
Cuando hablamos de un equipo que trabaje unido, de departamentos que trabajen de forma transversal, de que exista una relación fluida entre los trabajadores, tendemos a olvidarlos y cometemos un gran error. Ellos son nuestra carta de presentación, son la cara del museo y deben ser tratados como parte del engranaje que lo sostiene.
Con este post me gustaría reivindicar no solo una situación digna para este tipo de personal, esto lo pido para cualquier trabajador, también quiero pedir la inclusión de los mismos dentro del cometido y las acciones del museo. Que se les dé la relevancia que en efecto tienen.