AITZIBER URTASUN: EL ARTE COMO HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL. Capítulo 49


Nunca lo habría pensado pero twitter me ha acercado a mi
vocación, los museos y el arte contemporáneo, no solo por mantenerme informada
de todo lo que ocurre, sino también, por ponerme en contacto con esos
profesionales con los que comparto visiones, problemáticas, ideas e ilusiones.
Gracias a él he conocido, entre otros, a una gran profesional y persona,
Aitziber Urtasun, con la que mantengo charlas sobre arte, museos y vida, que
sin duda me enriquecen y me hacen crecer. Es una persona cercana, que siempre
está dispuesta a colaborar, reflexionar y compartir, por lo que pensé que sería
muy buena idea preparar una charla que reflejara los temas que solemos tratar y
que seguro son de importancia para todos los que leéis el blog.
Nacida en Bilbao, Aitziber estudió  Empresas y Actividades Turísticas en la
Universidad de Deusto e Historia del Arte en la Universidad Pública del País
Vasco. Cursó también un Máster de Arte Contemporáneo en la Universidad de
Deusto.
Su carrera profesional comienza en Bilbao donde tras varios
años como guía profesional independiente, empieza a colaborar de forma permanente con el Departamento de
Educación del Museo de Bellas Artes y del Museo Guggenheim Bilbao. El
Guggenheim le ofrece la oportunidad de colaborar puntualmente con otras
instituciones internacionales como la Kunsthaus de Zürich y el Art Institute of
Chicago organizando visitas a coleccionistas y galeristas y realizando tours
culturales en España y Europa.
Dirige el Departamento de Didáctica del Museo Oteiza desde
el año 2003, siendo éste una apuesta totalmente personal ya que lo puso en marcha desde cero. Su labor abarca desde
el diseño de los programas y actividades educativas, la formación de educadores
y profesorado, hasta  la colaboración en
el diseño de las exposiciones.
En paralelo, realiza comisariados de exposiciones
pues entiende que es una fantástica herramienta para contar historias. En el
Museo Oteiza comisarió “Homo Ludens. El artista frente al juego”, pero también ha comisariado para otras instituciones como el Musée Guetary de Francia o La Ciudadela  y Centros culturales de Pamplona y Bilbao.
Actualmente imparte conferencias  y colabora como docente en la Escuela de
Arquitectura de la Universidad de Pamplona.
Ya sabéis quién es ella y quién soy yo. Comenzamos la
charla. Os invito a participar. Entre todos encontraremos respuestas y
plantearemos más preguntas. ¡Adelante!
P. Tu formación ha estado siempre enfocada al arte y la
cultura. ¿Qué retos te planteó el museo como institución a la hora de realizar
tu trabajo?

R. El museo es un espacio único para desarrollar escenarios
de diálogo entre el público, la historia, el arte y, por extensión, la cultura
pero también puede resultar una trampa porque para una inmensa mayoría de
público la visita es una acción que se desarrolla en sus momentos de ocio. Este
hecho puede rebajar la capacidad de la institución como centro con plena
capacidad para formar y educar. Creo que lo más complejo es siempre encontrar
el término medio entre esos dos aspectos: el museo como agente de
entretenimiento y de formación a un mismo tiempo.
P. ¿Es el museo el organismo más indicado para la difusión y
socialización del arte contemporáneo?

R. A partir de los años 60 el artista y su obra multiplican las
formas de mirar el arte. Este, a través de su creador, deja de lado la estética
y el metarrelato como eje central de su discurso y comienza a preocuparse por
los microrrelatos. Aparecen conceptos de género, sexualidad, violencia,
política, etc. El arte tiene, más que nunca, una relación con la sociedad, con
sus virtudes y sus defectos, con sus logros y sus males. Si el artista mira por
fin de frente a su sociedad, el museo, como representante (no único pero si
fundamental en la estructura cultural) debe hacer lo posible por conectar
también con ella.
En este sentido creo que aún queda mucho recorrido por
realizar. La mayoría de museos centran sus esfuerzos en la creación de
exposiciones y publicaciones ofreciendo muy pocos recursos (tanto humanos como
económicos) para desarrollar actividades que permitan transformar el arte en
una herramienta de acción social. 
Además, dichas actividades suelen realizarse en total desconexión con los
agentes externos y, generalmente, siempre en el espacio físico del museo. El
museo del futuro tiene que ser más activo y dinámico y debe romper sus barreras
físicas y virtuales. No hay que trabajar sólo para la sociedad sino por, desde
y con ella.
P. Has comisariado exposiciones tanto en España como en el
extranjero, ¿piensas que una exposición debe ser didáctica también desde la labor del comisario?

R. La mayoría de los profesionales del arte cuando escuchan
el término “exposición didáctica” se ponen a temblar porque lo relacionan con
una muestra diseñada y explicada desde términos superficiales, fáciles e
incluso infantiles. No tiene nada que ver con eso. El hecho de que una
exposición tenga que ser didáctica significa que toda muestra debe generar la
posibilidad de activar procesos educativos a distintos niveles. No se trata de
explicar al lado de cada obra todo tipo de detalles sobre la misma sino de
utilizar la diferente variedad de recursos de que dispone un museo o centro de
arte (folletos, textos, de salas, códigos QRs, publicaciones, redes sociales,
blogs, etc) para trabajar la exposición desde diferentes niveles de lenguaje.
No debemos olvidar que la exposición no es visitada por el público sino por
“públicos” que traen consigo experiencias muy diversas y tienen necesidades muy
distintas.
La famosa frase de “el arte no necesita justificación” es
válida para el creador pero en el momento que la situamos en un entorno
público y democratizamos el acceso a
ella (y en la mayoría de los casos cobramos por verla) es necesario generar
herramientas y acciones de acercamiento. No como justificación del valor de lo
expuesto sino como medio de comunicación y educación entre el público y la
obra.

P. ¿Qué diferencias has observado entre el público español y
el extranjero a la hora de enfrentarse al arte contemporáneo?

R. Mis conocimientos a nivel profesional se centran
principalmente en Estados Unidos y Francia. En el primer caso, el arte
contemporáneo es una herramienta de trabajo mucho más trabajada y valorada en
las escuelas de lo que es actualmente en España y los proyectos tienen más
conexión con los diversos colectivos sociales que conforman la comunidad. En el
ámbito adulto, el arte contemporáneo se “consume” más que aquí pero bien es
cierto que no a un nivel popular sino más especializado.
Francia por el contrario es un país donde la cultura es
valorada y tratada con un respeto mucho mayor que aquí por todo tipo de público.
Cuando empecé a trabajar con franceses me sorprendió por ejemplo el gran
interés de asociaciones de la tercera edad en el aprendizaje y disfrute del
arte moderno y contemporáneo.

En ambos países se genera un enorme esfuerzo en hacer llegar
el arte a todo tipo de colectivos y programas de acercamiento a grupos de
exclusión social que aquí nos parecen casos aislados pero que allí forman parte
permanente de las programaciones educativas.
P. Tu trabajo en museos comenzó en el Museo de BBAA de
Bilbao y el Guggenheim ¿existe gran diferencia en el trabajo que se realiza en
instituciones públicas y privadas?

R. En principio, según mi experiencia la gran diferencia
entre lo público y lo privado son los tiempos. El museo privado te permite más
flexibilidad a la hora de programar y desprogramar y también algo más de
libertad para innovar. Pero las diferencias no son muy grandes. Creo que la
diferencia mayor se da entre un museo de estructura grande como el Guggenheim y
uno de estructura pequeña como el Museo Oteiza en el que trabajo actualmente ya
que en el primero las distancias entre departamentos son muy grandes y eso
genera una gran incomunicación. Por el contrario, en el segundo caso se trabaja
de forma transversal y el trabajo de los técnicos se mejora, se enriquece e
incluso se corrige con la visión de los demás.
P. Pusiste en marcha el departamento didáctico en el Museo
Oteiza, ¿cuál es la mayor dificultad que te ha planteado el proyecto? ¿Cuáles
las mayores satisfacciones? ¿En qué museos te inspiras para realizar tus
programaciones?

R. Poner en marcha un departamento de un nuevo museo supone
un reto que puede llegar a generar mucho vértigo pero también es todo un
regalo. El ámbito de la educación no es tan lineal ni cerrado como el de la
conservación por ello empezar de cero te permite dar un carácter propio desde
el que marcar diferencias con otros centros.
En el caso del Museo Oteiza existían dos dificultades
evidentes que creo han sido solventadas a día de hoy. Por una parte, Oteiza fue
un artista muy activo social y políticamente, con un fuerte carácter y muy
polémico. Ello hizo que al final de su carrera el personaje hiciese sombra a la
obra. El primer reto era por lo tanto devolver luz a la colección y ayudar al
público a conocerla en mayor profundidad. La obra siempre debe ser más
importante que el autor.
Por otra parte, desde un departamento de didáctica es
necesario estructurar un plan de actividad destinado a centros escolares de
todas las edades. La obra de Oteiza a nivel plástico es muy difícil para el
niño ya que en su mayoría es abstracta, carece de color como elemento narrativo
o estético y basa su composición en conceptos relacionados con las matemáticas,
la física cuántica, la geología o la filosofía. ¿Se puede explicar una obra así
a un niño? Claro que sí pero hay que deconstruirla hasta encontrar elementos de
conexión. Como bien decía el propio Oteiza: “la obra de arte no educa. La obra
de arte es una herramienta para servirnos de ella”.
No tengo un museo claro de referencia. Suelo fijarme más en
proyectos que en la totalidad del servicio educativo del museo. Si es cierto
que los museos que con independencia de su tamaño han conseguido una mayor
activación de su entorno social despiertan más mi interés. En ese sentido me
resulta muy interesante la experiencia del Centro de Arte la panera de Lleida,
el Museo del Romanticismo de Madrid, las programaciones destinadas a
adolescentes (un público difícil de captar) del MNACRS o las acciones más
experimentales de centros como Matadero. Un caso que me ha resultado revelador
es el caso del Museo de Brooklyn que ha sido capaz de triplicar en muy poco
tiempo sus visitantes y desarrollar una enorme conexión con su comunidad
gracias a su presencia en las redes.
P. Desde el principio has querido crear un tejido social que
sustente y legitime tu labor y la del propio museo Oteiza, ¿crees que es algo
habitual o que, por el contrario, las actividades didácticas se centran en el
entretenimiento más que en la socialización del arte?

R. Tal como comentábamos al principio para la mayoría de la
gente el arte es un medio de entretenimiento. Lo hemos visto claramente en
estos tiempos de crisis en los que tanta gente se indigna por los recortes en
educación pero pocos por los recortes en cultura. ¿Pero acaso la cultura no es
educación?
La situación actual debe activar nuestra alerta y
recordarnos que todavía hay mucho por hacer para crear una verdadera conexión
entre la cultura y la sociedad de nuestro tiempo  y concienciarla de su importancia.
En mi caso además, es cierto que en los últimos años, y
gracias al apoyo del museo Oteiza, he trabajado firmemente en el objetivo de
acercar al arte a los colectivos más desfavorecidos. En primer lugar, porque
creo firmemente en el poder del arte como herramienta de transformación social
y en segundo lugar, porque considero que todo el mundo tiene derecho a tener la
oportunidad de encontrarse frente a una obra de arte y disfrutar en la medida
que pueda de ella. Por eso, trabajo de forma continua para romper las barreras
físicas del museo como institución y en los últimos diez años he llevado
proyectos a lugares tan diversos como centros de educación especial,
hospitales, centros penitenciarios o centros de salud mental.  Si el arte, tal como Oteiza creía, pertenece
a su sociedad, debe pertenecer a TODA su sociedad.
P. ¿Cuáles son los puntos clave que te planteas a la hora de
idear una actividad? ¿Y para el comisariado de una exposición?

R. El desarrollo de una actividad tiene para mí siempre una
estructura bidireccional. Me pregunto a mí misma qué conceptos quiero trabajar
desde ella pero también qué necesidades pueden surgir desde el  tipo de público con el que trabajo. También
es muy importante que la estructura de la actividad no resulte alienante ni
excesivamente direccionada. Es decir, que se planteen actividades que no sólo
den respuestas sino que generen preguntas que en muchas ocasiones el
participante tendrá que buscar por si mismo tras la actividad.
Cuido también mucho los materiales con los que trabajo. No
me gusta trabajar con materiales propios de bellas artes porque siento que la
actividad puede confundirse con una búsqueda artística y la función de la
mayoría de las actividades que desarrollo tienen como objetivo potenciar la
creatividad y activar la capacidad de reflexión y crítica del participante.
Para eso no se necesitan materiales especiales.
En el caso de realizar una actividad o programa con un
colectivo de exclusión social creo que es fundamental ser humilde y contar
siempre con la orientación y el apoyo de los profesionales que trabajan con
ellos (psicólogos, terapeutas, etc).
Si hablamos de la construcción de una exposición siempre
busco dos cosas: por una parte que la muestra tenga diferentes niveles de
lectura para que la pueda disfrutar un público diverso y que me permita contar
algo. Para mí el comisariado es una forma de contar historias. No quiero decir
que siempre deba ser así sino que para mí es una forma de literatura. En
cualquier caso, siempre que la ocasión me lo permite escucho mucho al artista
antes de componer esa narración y siempre la construyo desde su aprobación
porque aunque a algunos no les ha quedado claro todavía, el comisario no es un
artista.
P. ¿Realizas evaluaciones de tus actividades y comisariados?
¿Qué cosas has ido mejorando con la experiencia? ¿Cómo ha evolucionado el
público en su relación con el museo desde que existe el departamento didáctico?

R. Si se trata de actividades escolares realizo una
evaluación formal a través del profesorado. En el resto de actividades, como
trabajo siempre con grupos reducidos, pregunto sus impresiones no sólo al
finalizar la actividad sino también a lo largo de la misma  si se trata de un programa de varias sesiones,
porque siempre me gusta reajustar cosas a lo largo del proceso.
En el caso del comisariado me apoyo mucho en los auxiliares
de sala. Les pido que observen, que escuchen y su opinión me ayuda mucho a
tomar conciencia de la muestra. Por ejemplo, en la exposición “Homo Ludens” que
realicé hace varios años en el Museo Oteiza seleccioné varias piezas de
carácter interactivo. Como el museo tiene un corte clásico por representar a un
artista de los años 50, su público no está acostumbrado a tener una actitud
participativa. Los auxiliares de sala fueron los que me informaron de que la
gente no tocaba ni jugaba con esas piezas por lo que no se entendían. Así una
semana después de la inauguración añadí una cartela al lado de cada una
indicando que esas piezas sí se podían tocar.
Este año celebramos el décimo aniversario del museo algo que
puede parecer mucho pero que a nivel educativo es muy poco. No obstante, creo
que hemos conseguido que el público local sienta como suyo el museo
respondiendo muy activamente a todas las actividades. La presencia de la
colección es  muy notable en la
estructura escolar de la Comunidad de Navarra y muy valorada por los centros educativos de otras comunidades. Comenzamos abriendo la puerta a un público que
venía buscando las huellas del artista por una vinculación personal y ahora las
puertas se abren para un público muy diverso no sólo en edad y conocimientos
sino también en procedencia. Creo que no lo estamos haciendo nada mal.
P. ¿Qué opinas de la situación actual de los museos (falta
de fondos, carencia de personal, etc)? ¿Qué propuestas pondrías sobre la mesa
para solventar la situación?

R. Por una parte, tal como comentaba antes la sociedad
actual de nuestro país no siente que la cultura sea un bien educativo y eso
hace que nuestra estructura sea muy débil frente a la crisis. Hay que
incentivar el “consumo” de cultura sin culpabilizar solamente a las instituciones
públicas. A veces, somos los propios profesionales del arte los que en nuestro
afán de intelectualizar toda acción cultural alejamos al público y desactivamos
el consumo.
En un ámbito interno, hay que ampliar el trabajo en red.
Sumar esfuerzos y aprovechar sinergias. Yo siempre digo lo mismo: cuando vas a
un congreso de educación todo el mundo te cuenta los proyectos que ha realizado
pero nadie te explica cómo los ha hecho ni las dificultades que se ha
encontrado por el camino. Tenemos que ser más transparentes entre nosotros y
aprender a compartir.
P. También impartes clases y conferencias, ¿crees suficiente
la formación artística y cultural en el sistema educativo español?

R. Absolutamente no. En los niveles básicos educativos el
arte está relegado a un mero escenario de desahogo creativo para el niño cuando
desde el arte se puede reforzar el conocimiento de cualquier materia del
currículo.
En el ámbito universitario existe una total desconexión
entre las materias impartidas en las aulas y las necesidades reales del
mercado. Se sigue enseñando al alumno a memorizar datos pero en ningún caso se
potencia la capacidad reflexiva y crítica del mismo, algo que es fundamental en
la construcción de un futuro tejido cultural.
Por otra parte, habría que desmitificar ciertas profesiones.
Hoy en día hay muchos estudiantes que quieren ser comisarios porque les parece
glamuroso y una forma de ganar mucho dinero y en la mayoría de los casos lo que
hay detrás es muchísimo trabajo y mucha hambre a fin de mes.
Museo Oteiza (Navarra)
P. Algunos estamos en
el mismo camino que tú aunque nos queda mucho por andar para alcanzarte ¿qué
consejos nos darías a los museólogos y aspirantes? ¿Crees que es una profesión
necesaria, de futuro?

R. No creo que deba dar consejos a nadie pero si recordar
que esta es una profesión absolutamente vocacional. El que quiera ganar dinero
y tener un horario fijo que se dedique a otra cosa.
Es una carrera de fondo que te obliga a no bajar la guardia
nunca y eso hace que tengas que ser una persona curiosa y con ganas de aprender
constantemente porque si no  te quedas en
el camino.
Y algo que es fundamental hoy en día es la capacidad de trabajar
en equipo y tener conocimientos de otros departamentos y funciones porque te
ayudará a trabajar de forma transversal. Ya no vale eso de que el conservador
es conservador, el comisario es comisario y el educador es educador.

Estamos pasando un momento difícil en el que hay que
rediseñar y replantear parte de las estructuras culturales así como nuestra
forma de trabajar en ellas, pero siempre será una profesión de futuro porque el
arte es un órgano vital de nuestra sociedad.