EL EVENTO DEL AÑO. Capítulo 50


Ya acabó 2013. Un año complicado para los museos e instituciones públicas por la falta de recursos, de personal, de maniobra, todavía más si cabe, que los años anteriores. Aún así, hemos podido ver muestras maravillosas que nos han acercado arte de todos los tiempos y de cualquier lugar del mundo. Algunas de ellas con presupuesto mínimo, otras no tanto. 
Personalmente, admiro los esfuerzos que hacen profesionales e instituciones por mantener su actividad, por seguir aportando soluciones para solventar los obstáculos que ahora, más que nunca, se hacen visibles.
Pero en todo ésto hay algo que me sorprende: ahora que estamos tan necesitados de cultura, una cultura que nos sustente, que nos alivie, que nos mueva y nos haga reflexionar, ¿qué sentido tienen las exposiciones espectáculo? Cuando digo “exposiciones espectáculo” me refiero a todas esas que salen a página completa en los periódicos, a esas a las que se les dedica un par de minutos en los telediarios, a las que se le pone el titular: “la exposición más visitada de los últimos 10 años”, “la primera retrospectiva del artista en España”, “horas de cola para visitar la exposición del año”, etc.
Bien, no seré yo quien esté en contra de que la gente vaya al museo, pero, ¿qué tal si reflexionamos sobre el porqué de las visitas a esas exposiciones? En primer lugar, la cantidad de publicidad sobre ellas es tal que crean la necesidad de ir. Una necesidad, a mi entender, más basada en la moda que en las ganas de aprender y disfrutar: hay que estar. En segundo lugar, son exposiciones que, por lo general, nos acercan artistas, estilos o colectivos ya muy consolidados y conocidos, lo que supone un éxito casi garantizado de ante mano. No arriesgan. En tercer lugar, son exposiciones caras, donde encontrarás obras “dificilísimas de conseguir”, que crean la expectativa de contemplar algo “único”.
Museo del Louvre
Y os preguntaréis si ésto es criticable. Tal y como yo lo veo, estas exposiciones no se centran en enriquecer sino en “hacer caja”. A más visitantes, más venta de entradas, más dinero para la institución que pretende no sólo sufragar gastos sino conseguir fondos. 
Y al final cuando se hacen cuentas ¿mereció la pena? No sólo me refiero al desgaste de la institución, al que llega una cantidad de público muy complicada de gestionar, ampliación de horarios, más asistentes de sala… Y al público mismo ¿le mereció la pena asistir? ¿Se puede disfrutar de una exposición cuando tienes que luchar para poder estar delante de la obra un minuto? ¿cuando es imposible leer los textos de pared porque las cabezas que van y vienen y se ponen delante no te dejan?…
Que conste que yo creo que el museo es un lugar para todos, y por eso mismo, pienso que ir al museo debe responder a un deseo personal, a una necesidad cultural, a una curiosidad artística, y no a una moda. ¿Es positiva la experiencia que el público que no suele visitar museos, o incluso el que sí, tiene después de haber asistido a una exposición de este tipo? ¿Tras haber hecho horas de cola? ¿Después de haber pagado una entrada, en muchos casos, más cara de lo habitual?
¿Y el resto de servicios que acompañan y nos hacen entender mejor una exposición como el pedagógico? Es una labor que necesita de un cuidado, una planificación, unos medios y un personal tan especializado y entregado que en este tipo de exposiciones no suele resultar fácil llevarla a cabo. Es más, normalmente se reduce a visitas guiadas por lo inabarcable del asunto.
En mi humilde opinión, la ganancia más clara es para el/la director/a de turno, y tras él, el/la político/a que la promueve. Es una cuestión de ranking, de estar en la lista de los “más visitados”, de los que “más minutos han tenido en tv”, “o más reportajes en prensa escrita”, los “más nombrados por medios internacionales”, etc… Los más, los más, los más… Y en ninguna de estas listas se hace referencia al poso cultural que esta exposición dejó en la comunidad a la que se debe el museo o institución que la llevó a cabo. ¿Era realmente necesaria ahora? ¿La comunidad en la que el museo está inmerso ha crecido, es más sabia con ella? ¿Ha respondido a alguna cuestión social, política, cultural, de las que ahora tanto nos preocupan? No debemos cometer el error de confundir cantidad con calidad. Una exposición muy visitada no es sinónimo de una buena exposición. De hecho, soy muy fan de los museos pequeños. No todos (doy fe) pero la mayoría suplen su falta de presupuesto con grandes ideas, ingenio, muchas horas de estudio para sacar el máximo partido al poco dinero. Estos museos no suelen estar en la lista de “los más” y sin embargo su labor es digna del máximo reconocimiento.
Museo Británico
Habría que aprovechar la crisis para plantearnos estas cuestiones ya que en otros tiempos, cuando se hacían edificios desorbitados para museos que no tenían colección ni proyecto, no se hicieron. Y es que quizá habría que dejar de querer ser “los más citados en medios internacionales”, para pasar a ser “los más queridos por los vecinos del barrio, la ciudad, la comunidad”. Para mí esa, y no otra, es la razón de ser de un museo: servir a la sociedad que le alberga, ser un lugar de reflexión y crecimiento personal y conjunto.
Muchos museos públicos han optado por producir exposiciones temporales con sus propios fondos o bien, a través de becas o residencias que además reducir costes, promocionan a artistas nacionales emergentes. Ejemplo de ésto que digo son el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo o LABoral. Me parece una idea acertadísima que pone en valor la colección propia, ayuda en la difícil carrera de nuestros artistas, reduce costes y sigue manteniendo vivas nuestras instituciones. Si crisis es oportunidad, en este caso no puede estar más claro.
Creo que el problema es de concepto. No estoy en contra de traer exposiciones únicas de artistas “mito” pero quizá este no es el momento, y desde luego, esa no es la manera. El dinero gastado en una exposición en un centro público debe de servir para algo más que para mejorar reputaciones personales.
Y este artículo, amigos, es solamente una reflexión personal…