ARTE DIGITAL Y UN CAFÉ. Capítulo 53


Este año se ha celebrado la III edición del encuentro “Arte y Un Café”. Si sois seguidores del blog ya sabréis en qué consiste y si no, os lo explico inmediatamente: Arte y Un Café es un encuentro on y off-line de profesionales del mundo del arte y todo aquel que esté interesado, en el que se tratan temas que están de relevancia, planteando problemáticas y dando respuestas a través de la discusión y el debate. Este año, los días 20 y 21 de febrero, con sede en La Trasera de la Facultad de BB. AA. de la Universidad Complutense de Madrid y Fundación Telefónica, se dialogó en torno a las problemáticas y características del arte digital además de las formas en que el arte se mueve en red, o arte en digital. 
Alrededor de un mes antes, Nuría García, directora del evento, se puso en contacto conmigo para ofrecerme ser la moderadora de una de las mesas redondas, la que se llevaría a cabo en La Trasera. Desde el primer momento comprendí que era una responsabilidad que exigiría de mí horas de trabajo: búsqueda de información, obras, artistas, historia… Mi contacto con el arte digital no es que fuera escaso, pero desde luego, no soy una especialista. Un mes más tarde ya estaba lista para enfrentarme a esa labor, y sobre todo, había disfrutado muchísimo.

Hablar sobre arte digital es bastante difícil pues, aunque no lo parezca, es bastante desconocido. Los primeros ejemplos de esta tipología artística se dan no muy lejanos en el tiempo, en torno a los años 60. lgunos de los artistas pioneros en este campo fueron Nam June Paik, Nicolas Schoffer, Ben Laposky o Eusebio Sempere en España. Los primeros ejemplos podemos encuadrarlos dentro del “Computer Art, que se basa en el uso de algoritmos para la creación de arte mediante computadoras a fin de lograr la interacción entre observador y obra y la autogeneración de esta” (1).
Tras estas primeras experimentaciones, el arte digital ha ido evolucionando por muy distintas vías y derivando en una cantidad ingente de tipologías que abarcan desde el uso de las redes sociales, la biología, los robots, la realidad virtual, etc.
Es por ello que, La definición de arte digital plantea en sí misma cierta
ambigüedad pues, si bien es verdad que podríamos entender que cualquier
manifestación artística realizada con un ordenador pudiera considerarse
digital, el hecho es que el arte digital debe usar los lenguajes propios
digitales. Lo digital debe ser no solo un soporte o un procedimiento, sino
también, un fin. El arte es digital cuando su existencia no podría darse en lo
analógico. Esto, que puede resultar obvio, no lo es tanto y en Arte y Un Café, pudimos comprobarlo. ¿Una obra es digital cuando en su proceso de elaboración utiliza un ordenador pero que en el resultado es concebida como una obra analógica? Mi respuesta es no. Según Berenguer, las características del medio digital que afectan al arte son: la espacialización, la ingravidez y la interactividad (2).

Eduardo Kac, Alba, 2000

En estos momentos, cuando ya tenemos unos 50 años de perspectiva para valorar las obras digitales producidas, se nos plantean diferentes problemáticas. Una de ellas, la conservación como uno de los grandes retos. La unión de arte, tecnología y ciencia hace que no solo las instituciones, sino también los artistas, deban plantearse nuevos modos de hacer. Consideraciones como la mutabilidad para la preservación, el archivo o el documento toman gran relevancia en estas manifestaciones artísticas. Hay una necesidad urgente de incorporar a personas con formación en ingeniería, informática o biología dentro de los equipos de conservación y restauración que las instituciones que se dedican a este tipo de obra, tienen.

El arte digital propone un cambio de modelo: nace un nuevo
concepto de artista (anónimo, múltiple, co-creador). Un artista que ya no está solamente o necesariamente formado en BB. AA. sino que además es ingeniero, científico, etc, e incluso, el artista puede necesitar de un equipo que le ayude a la realización de la obra. Esto tampoco debe sorprendernos pues es una práctica que ya se implantó en el barroco. De nuevo, y tras muchos años de alejamiento entre materias de estudio y práctica, arte y ciencia vuelven a unirse, necesitarse y retroalimentarse. Del mismo modo que ocurría en el renacimiento, los artistas-científicos son los nuevos Leonardos; un nuevo concepto de
espectador donde prima la experiencia, la interacción y no solo la contemplación. El espectador muy frecuentemente pasa a ser co-creador;
un nuevo tipo de mercado pues las obras digitales no siempre son objetos. Una de las grandes quejas de los artistas digitales sigue siendo la dificultad para la venta. Si para un artista tradicional ganarse la vida con su arte es difícil, para uno digital aún más porque el mercado aún está barajando las posibilidades de adaptación; un
nuevo concepto de exposición, de muestra, ya que en muchas ocasiones este arte ya solo se entiende para ser visto en la pantalla del ordenador y éste puede encontrarse en cualquier lugar, no necesariamente, en una sala de exposición; un nuevo tipo de licencias de
autoría que significativamente son la resistencia a los jefes de la red y los productos informáticos. A través de licencias libres, la obra puede mutar, y al hacerlo, conservarse, además de quedar liberada de la obsolescencia que impone el mercado de productos informáticos. 

Estos cambios hacen necesario el seguir reflexionando sobre las vías
en las que canalizar esta producción artística, de manera que su gestión se
realice de forma eficaz. El ojo debe seguir formándose como ha hecho siempre pero en este caso, más si cabe, debe desprenderse de ataduras y prejuicios, buscando la experimentación de sensaciones y la participación de forma activa como base para acercarse a unas obras que piden mucho más de nosotros. Nos exigen respuestas.

Sigo sin poder considerarme experta pero ahora puedo decir que me he convertido en una auténtica apasionada.

Notas:
(1). Alsina, Pau. “Humanismo 2.0: Arte, ciencia, tecnología y sociedad”. Ed. UOC, Barcelona, 2007.
(2). Bellido Gant, Maria Luísa. “Museos y arte digital”. mus-A. Revista de los museos de Andalucía. Ed. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, Dirección General de Museos. Año III, nº 05, junio 2005, pp. 31-34.