SEGUIDORES Y SEGUIDOS. Capítulo 7


  La idea para este post me vino de diferentes lugares. Por un lado, el artículo de “El País” basado en el estudio que había realizado el portal Dosdoce sobre museos y redes sociales. Por otro, el curso al que asistí en el Museo Picasso Málaga, los días 17 y 18 de noviembre, titulado “Redes sociales y museos: reputación y credibilidad en la red”, y en el que Javier Celaya, socio-fundador de Dosdoce, hablaría de éste y otros temas relacionados en su ponencia (Link de Cultopía Gestión Cultural donde están colgados los audios de las ponencias). Por último, el artículo de Dosdoce  “Conexiones entre museos en las redes sociales”,  que es el resultado de una investigación en la que han seguido la actividad en las redes sociales de 50 museos, centros de arte e instituciones culturales españolas.
  Pues bien, sí, los museos están en las redes sociales, principalmente en Twitter y Facebook y es hoy, a diferencia de unos años atrás, cuando verdaderamente las usan. Han pasado de la página web en la que se muestran contenidos de forma unidireccional, a ampliar su presencia con perfiles en estas redes 2.0., pero, ¿han cambiado su discurso?.
  Si algo sacamos en claro del curso “Redes sociales y museos”, es que el lenguaje 2.0. se está elaborando en este preciso momento, por ello, damos palos de ciego todos, pues no hay aún un código específico, una formulación idónea que nos haga tener éxito y cumplir con nuestros objetivos. Aún así, cabe tener claro diferentes aspectos:
-Una institución cultural debe marcarse unos objetivos concretos, unas directrices que marquen su presencia en las redes.
-Deben tener presente que, en una red 2.0. es básica la interacción con sus seguidores y fans (para informar exclusivamente ya están las páginas web).
-Es necesario escuchar y hacer partícipes a sus seguidores, pues la comunicación es enriquecimiento.
-Aprender de las estrategias fallidas es una forma de avanzar, y no sólo de las nuestras, sino también de las de otras instituciones con intereses y contenidos semejantes a los nuestros, con las que además, debemos mantener un contacto, buscando nexos de unión, de debate, de esfuerzos comunes.
  Hasta ahora y todavía hoy, hemos trasladado los códigos y formas de actuar de la realidad, o si queréis, de lo analógico, a lo digital. Pero es hora de que nos demos cuenta que las redes son otra cosa. En mi opinión, una de las transformaciones básicas es la democratización y el potencial de cada uno de nosotros en ellas. Allí no hay jerarquías ni clases, por lo que cada usuario es susceptible de atraer seguidores y generar contenidos altamente interesantes para el círculo en el que se mueve. Este es el gran fallo de las instituciones. Llegan a Twitter o Facebook con el atril a cuestas, esperando que ellos hablen y todos callen y escuchen, pues ha hablado la autoridad. ¡ESTO ES UN GRAVE ERROR!. Como digo, hay mucha gente que dice cosas muy interesantes, tanto o más que las instituciones, es más, las instituciones ¿quienes las forman?. La sabiduría, ahora más que nunca, en un mundo donde das una patada a una piedra y aparecen mil personas con estudios superiores en paro, no pertenece sólo a las instituciones y universidades. De hecho, creo que no debemos caer en el error de igualar estudios superiores con sabiduría. En las redes sociales, la encuentras por ejemplo con un follow inesperado. No digo que no haya que seleccionar. Obviamente sí hay que hacerlo, pues por muy interesante que sea la física cuántica, yo no entiendo ni jota y quizá no me apetezca entrar en debates sobre ello. Pero esta selección, ¿en qué se está basando?. Está claro que si eres crítico, comisario, galerista, periodista cultural, etc de renombre a estas instituciones le interesas. ¿Y su público?. Aquellos que hacemos que el museo tenga sentido porque sin visitantes no hay museo, ¿esos le interesan?. La respuesta que dan en el artículo de Dosdoce es, en líneas generales, NO. Por supuesto hay ejemplos de instituciones y museos que sí se interesan por sus seguidores con excelentes resultados. Bien, ¿a qué esperan para aprender de ellos?. Además, pienso que hay que añadir aquí a todos aquellos profesionales (VIP’s) que, incluso te agradecen abiertamente que los sigas, pero que no devuelven el follow. Yo me imagino que en su interior piensan: “¡Qué bien!, ¡cuánto vas a aprender de mi y de mis interesantes ideas!”. En ocasiones te diriges a ellos, puede ser que hasta felicitándolos por algún comentario o escrito, pero nunca responden (se oyen grillos en la lejanía). ¿Es esta la actitud?. No quiero que me malinterpretéis. Yo no pienso que mi yo cibernético deba interesar a todo el mundo, por supuesto que no. Doy las gracias a los que me siguen, y si te sigo es, sin duda porque creo que tenemos algo que compartir, cosas en común, podemos establecer un diálogo. Pero, que no me lo niegue nadie, cuando no responden o no te siguen aquellos a quienes consideras puntos de referencia en tus intereses, fastidia. Por ello, y de esto también se habló en el curso, cuando una institución, museo o profesional te sigue y dialoga contigo, nace la empatía. Uno siente que lo que dice interesa, y eso es gratificante.
  Quiero citar a Antonio Rodríguez de las Heras, Catedrático de la Universidad Carlos III, que me inspira y me enseña el camino dentro de las redes sociales con sus brillantes reflexiones. Todo un ejemplo de sabiduría, humildad e interacción:Las redes sociales son el resultado de una prometedora intervención urbanística en la megalópolis de la red

“La actuación urbanística ha demolido algunas manzanas de viejas edificaciones,
con calles estrechas por donde sólo se podía pasar,
y ha dejado un espacio despejado y abierto,
que pronto se ha convertido en un lugar de afluencia y encuentros espontáneos:
una plaza.

A los lados de la plaza se mantienen
entre altivos e incómodos,
nobles edificios con sus escalinatas y pórticos.

Dentro de ellos está
el púlpito,
la cátedra,
la tarima,
el escenario…
La gente entra impresionada por la magnificencia del edificio,
y escucha y ve lo que llega desde estos lugares destacados.

Pero ahora
y cada vez más,
la gente comienza a quedarse fuera,
en la plaza,
de la que sale un rumor,
que no es ruido,
de incontables corrillos,
en los que se arremolina esta marea humana
que llega por todas las calles que desembocan en la plaza.

Desde los imponentes edificios,
aunque ya con algunas vergonzosas grietas,
se contempla con inquietud este reflujo de asistentes a sus ceremonias.

Ya no funciona el desperdiciar lo que sucede en la plaza,
y cerrar puertas y ventanas
para que no perturbe lo que los de dentro llaman ruido,
y no rumor,
de la plaza.

Por eso algunos se han decidido a bajar a la plaza,
pero con sus púlpitos,
cátedras,
tarimas,
escenarios.

No es esto.
Porque lo que tienen que dejar allá arriba,
tras las grandes y sólidas puertas,
son el púlpito, la cátedra, la tarima, el escenario…”

Plaza: Bajo todas las mañanas a la plaza Twitter y me sumerjo en su rumor

“Bajo todas las mañanas a la plaza,
siempre abigarrada,
y me muevo entre los incontables corrillos
que como remolinos de agua o de polvo
se forman por todas partes.
Se habla en ellos de todo lo divino y humano,
Me llegan ráfagas de sus conversaciones, anuncios, prédicas, chanzas…
En ocasiones me detengo por curiosidad,
aunque mi destino cotidiano son unos cuantos escalones desgastados,
pero a la sombra,
donde coincido con quienes acuden también a este punto de la plaza.
Conversamos sin tiempo,
mientras nos envuelve el rumor de miles de conversaciones ininteligibles.
No hay ruido perturbador,
muy al contrario: es acogedor,
como el de la orilla del mar.
Si desapareciera,
enmudeceríamos, sobresaltados, también nosotros.
El escenario de la plaza,
con su gente,
sus tenderetes,
sus edificios poderosos y agrietados,
su sol esplendoroso…
todo seguirá ahí,
pero sin palpitar”.

Después de esta maravillosa metáfora, no debo añadir nada más. Queda dicho todo.