“PARA QUE TENGAS LO QUE YO NO TUVE. PARA QUE SEAS LO QUE YO NO FUI”. Capítulo 8


  El 2011 ha sido un año malo. Para mí personalmente mucho, pero en general también. Como en todo, nuestra indignación, nuestros sueños, nuestras ganas de algo mejor, nos han unido a muchos, y nos ha dado cosas buenas, reflexiones, acciones, ideas…. Pero ha sido un año malo. Para qué negarlo.
  En lo cultural, el cierre de museos ha sido sorprendente. Otros siguen adelante aún casi sin presupuesto, personal, adquisiciones. Galerías de arte que no venden. Empresas de gestión cultural que abandonan después de mucho luchar. Los recortes de presupuestos aumentan cada día. Con este panorama, ¿qué podemos hacer?.
  El acceso a la cultura es un derecho, la preservación del patrimonio y su difusión, un deber por el que debe velar el Gobierno. Está claro que, estando las cosas así, todos salimos perjudicados.
  Pero no olvidemos que no sólo el acceso y la difusión cultural están en peligro. El cierre de museos e instituciones culturales deja a profesionales en paro, y no sólo eso. Todos aquellos profesionales que estamos buscando un sitio, un hueco por el que colarnos, ¿qué hacemos ahora?.
  Creo que todos éramos conscientes, cuando decidimos coger este camino, que la cosa no iba a ser fácil. Todos sabíamos que nuestro ámbito era reducido, no había un mercado laboral suficientemente fuerte o amplio para acogernos a todos. De todas formas, nos arriesgamos. Es nuestra vocación, lo que queremos hacer, para lo que creemos valer. Hemos trabajado gratis, aceptado becas precarias, voluntariados. Hemos hecho postgrados, especializaciones, prácticas, idiomas, publicaciones…. Y seguimos donde estábamos. Esperando una oportunidad que parece no llegar nunca. El tiempo pasa, los años, que aún no son muchos, pero ya hacen que estemos bastante hartos de la situación. Y el 2012 no promete mejora. Todo lo contrario, todavía todo puede empeorar.
  Sí, la crisis es mundial. Sí, en todos los sectores están mal, pero eso no nos consuela, porque no todos somos tontos y el mal de muchos sólo nos cabrea más.
  Es por todo esto que desde aquí quiero dejar constancia de mi más profundo desprecio hacia todos aquellos que se han llenado los bolsillos con dinero público. Dinero de TODOS y cada uno de nosotros, esos que seguimos en la brecha. Mi más absoluta repulsa a todos los empresarios que se aprovechan de la gran cantidad de profesionales en paro para pagar sueldos míseros, coger y soltar becarios que se parten el espinazo creyendo que “serán contratados”, aquellos que se apropian del trabajo de otros, los que nunca reconocen a los demás como brillantes, tal vez porque eso significaría aceptar que ellos no lo son. Quiero expresar mi asco hacia aquellos que otorgan a dedo puestos, becas, premios, en definitiva, OPORTUNIDADES. Quien las tiene, al menos, puede demostrar lo que vale, sabe y es capaz de dar.
  Mis padres me decían: “Estudia, Laura, que tengas lo que nosotros no tuvimos. Un futuro y una formación. Que no seas lo que nosotros fuimos. Currantes que se dejaron la piel trabajando 12 horas al día para poder tirar para delante”.
  Mi padre es autodidacta, y jamás he conocido a una persona que sepa más de música clásica o flamenco. Mi madre es una luchadora. Sabia como todas las madres, que después de todos los palos de la vida, sigue teniendo un corazón inmenso. De la que siempre aprendo. Me siento muy orgullosa de venir de donde vengo y no lo cambiaría por ningún apellido compuesto, ni por una colección heredada.
  Pero no creáis que soy del todo pesimista. Creo que lo cultural, por ser una construcción social y común, siempre sale a flote. Hay geniales creadores, gente con ideas, y además ahora tenemos internet, el lugar en el que todo es posible.
  Sí, papá. Sí, mamá. No seré lo que vosotros fuisteis, soy algo diferente, no sé si mejor o peor. Soy una parada más de esos 5 millones. Soy una de esos jóvenes de futuro incierto porque algunos se ocuparon de cargárselo, de meterlo en sus bolsillos. Pero también soy de esos jóvenes que quieren cambiar lo que ocurre a su alrededor. De esos que luchan por lo que quieren, de esos que se equivocan, pero que hacen las cosas por convicción y trabajan por sus sueños.