LOS GRANDES TEMPLOS MUSEÍSTICOS. Capítulo 9


  El pasado domingo 15 de Enero, se publicaba en HOY.es, una entrevista al director del Museo del Prado, Miguel Zugaza.
Miguel Zugaza

  La gestión de Zugaza durante los 10 años que lleva al frente de nuestro museo más emblemático, ha sido impecable y brillante. Ha conseguido abrir el Prado al público, haciendo accesibles sus contenidos y, con ello, aumentando las visitas. Ha ampliado las instalaciones con la obra de Rafael Moneo. Ha creado interesantes discursos jugando con los fondos, y como no, se han abierto exposiciones temporales de gran interés, relevancia y éxito total. Por todo esto, se ha ganado ser uno de los profesionales más respetados dentro del ámbito.
  En esta entrevista, sólo hay una cosa, que para mí es bastante discutible. Me refiero a su afirmación: “El Guernica se merece estar en el Prado”. Zugaza basa esta afirmación en los siguientes argumentos: “Creo que es absurdo que Picasso no esté. Fue director de este museo y me parece que sería el colofón ideal (…). Esa limitación es una antojera (refiriéndose a la fecha del nacimiento de Picasso como corte para dividir las colecciones del Reina Sofía y el Prado) que nos hemos puesto delante. Es una convención y, por tanto, artificial (…). La voluntad de Picasso era incorporarlo al Prado, pero cuando llegó a España el museo no estaba preparado ni física ni intelectualmente para asumir esa obra. De hecho, se instaló en el Prado, pero en el Casón del Buen Retiro. Creo que ha tenido un papel muy importante, y lo sigue teniendo, para la puesta en marcha del Reina Sofía. Y cuando termine de cumplir ese papel no estaría mal que se volviera a plantear no sólo la voluntad de Picasso, sino algo que representa mucho también para nuestro país”.

  Pues dicho ésto, me permito mostrar mis argumentos para defender justo la idea contraria. Que el Guernica se quede en el Reina Sofía.

  Sí, Picasso fue director del Prado y quería que el Guernica estuviera en él, pero ¿no es posible que sea así porque en aquel momento el Reina Sofía no existía?. Y en cualquier caso, en mi opinión, la obra pertenece al patrimonio español por lo que, por encima de los deseos determinados del artista que la cedió, está la lógica del funcionamiento de las instituciones y de los profesionales que toman las decisiones.
  Por otro lado, pensar que el Guernica dejará de cumplir una función fundamental en el Reina Sofía me parece algo ilógico, pues si bien fue el germen de esta institución, cada día, en cada momento, sigue cumpliendo una función. Es el reclamo, la obra estrella de este museo, es mimado, admirado, hay todo un discurso expositivo que lo rodea y está encuadrado en su época, contextualizado. ¿Esta función puede dejar de cumplirla?. O mejor aún, vamos a plantear la pregunta desde el otro lado: ¿dejarán las Meninas algún día de cumplir su función en el Prado?. Pensar que la única función del Guernica en el Reina fue justificar su creación y apertura, es como pensar que cualquiera de las obras maestras del Prado es sustituible. El Prado se abrió gracias a las colecciones reales y son el groso de sus fondos y nunca dejarán de tener sentido. Jamás. Sí, cierto es que la línea dibujada para dividir las colecciones 1881 no es más que una convención, por lo tanto, se puede cambiar en el momento que así se considere, pero, no podemos obviar que esa convención ha generado una dinámica, una institución, todo un complejo entramado legal, patrimonial, museológico, etc que además, va viento en popa, pues tanto el Prado como el Reina son organismos autónomos dependientes del Ministerio de Cultura. Son los dos museos estatales estrella, los dos tesoros nacionales, entonces ¿Por qué desvestir un Santo para vestir a otro?. Formulo la pregunta de otra manera más gráfica: ¿Por qué quitar la joya más preciada de un Santo para sobrecargar de pedrería a otro?.

Miguel Zugaza

  Hoy en día cada vez se oyen más las voces que piden una descentralización cultural, por ello, veo absurdo que un sólo museo albergue las obras maestras, las más importantes de todo el acervo artístico español. A ello hay que sumar las dificultades de gestión, pues, qué duda cabe, un museo gigantesco que contenga todo es mucho más difícil de comandar. La colección del Prado es soberbia, y no solamente gracias a sus obras maestras, sino al conjunto de todas ellas. Todas caben en él y no debemos caer en el error de prestar únicamente atención a las grandes olvidando las “menos grandes”. De hecho, en el Prado se combinan estupendamente unas con otras, creando líneas argumentales completísimas. No es necesario, en mi opinión, que un museo recoja toda la historia del arte en España. Además, como se demuestra también en el Prado, el discurso cronológico está más que superado. Existen infinitas argumentaciones para una exposición, y no sólo hablo de las temporales, sino también de la permanente, que por el hecho de serlo, no tiene por qué ser inmóvil. Me sorprende, por ello, que Zugaza haya usado esos argumentos para defender la vuelta del Guernica al Prado, ya que él mismo con su trabajo ha demostrado todo lo que expongo en estas líneas.

  Un profesor del Máster en Museología que realicé en la Universidad de Granada, decía: “En un museo, para disfrutarlo, no debes estar más de 5 minutos”. Obviamente es una exageración hecha a propósito, pero ejemplifica muy bien mi visión de las cosas. Los grandes templos museísticos, gigantescos en espacios y contenidos, cansan, saturan, hacen muy complicado el que puedas disfrutar realmente de lo que ofrecen. Uno cuando entra se siente en una yincana: “preparados, listos, ¡ya!”. Y a correr todo el mundo, porque debemos verlo todo, al menos todo lo “importante” y echarnos la foto, para que todos vean que estuvimos allí admirando a los grandes genios.

  Por último, y aunque quede feo, me citaré a mi misma (prometo no volver a hacerlo) con una frase que dije durante una interesante conversación sobre este tema el pasado domingo en twitter: “Creo en los museos pequeños (o medianos), asequibles, abarcables, que no abruman ni cansan y que tienen más libertad de acción”.