CUATRO MIRADAS DE UNA MISMA HISTORIA: FERIAS Y BLOGGERS #PostEncadenados. Capítulo 70


Cuatro blogs amigos (Contemporaneidades de Emma Trinidad, Cultura Suicida de Diana GuijarroWhy on White de Julio Muncio y este que leéis), unimos miradas y esfuerzos para contaros cómo vivimos “la semana del arte en Madrid”. Recojo el relevo de Julio y os cuento mis reflexiones personales a continuación. La segunda visión de esta semana loca en estas letras:

No hace demasiado que acudo cada año a la semana de las ferias. Deben ser unos 5 años, más o menos, pero ya me ha dado tiempo a notar ciertos cambios, ciertas tendencias. La verdad es que no soy experta en mercado de arte aunque pertenece a mi mundo y me interesa. Todos sabéis que lo mío son los museos donde la perspectiva, aunque sólo contemplemos la forma en la que se organiza una exposición, es muy diferente. Quiero decir con ello que mi visión es personal, profesional (por ser gestión y difusión del arte contemporáneo), pero no experta.

En los últimos años ha habido una proliferación de ferias de arte (algunas, en mi opinión, no entrarían en esta categoría por falta de calidad) que me sorprende muchísimo. Ferias que con el pretexto del arte emergente consiguen poner a las obras y galerías el cartelito de low cost. Eso sí, normalmente el adjetivo “low” no irá acompañando a los intermediarios: hoteles (por ejemplo) y gestores. Es una moda, parece ser que cada capital de provincia debe contar con su propia feria. Yo, desde la ingenuidad, me pregunto: ¿es necesario esto? ¿hay mercado para tanto mercado (o mercadillo)?

 

ARCO Madrid 2015

 

A la sombra de la feria más importante del país, ARCO, también ha ocurrido algo semejante pero todo indica que algunas de ellas (Just Mad, que traía propuestas muy interesantes y accesibles gustándome especialmente las galerías que representaban al país invitado, Colombia, o ArtMadrid Fair) ya se han consolidado y cuentan con un público fiel que va con la clara intención de comprar. Esto puede parecer algo obvio, pero quizá no lo es tanto: ¿cuántos, de los más de 100.000 visitantes que ha tenido ARCO, compraron?
Me quedé con muchas ganas de visitar Casa Leibniz porque es un proyecto que me parece muy interesante: una exposición contemplativa para un tiempo nuevo; porque había obras de buenos artistas amigos como Antonio Fernández Alvira, y textos de grandes profesionales como Vila-Matas o Estrella de Diego. Es una de mis espinitas clavadas de este año pero apenas dos días no dan para más. Espero que se repita.
No os voy a engañar, a mí ir a las ferias me gusta. Como imaginaréis, ni tengo dinero para comprar, ni formo parte de exquisitos grupos. Normalmente, ni sé qué cara tienen la mayoría de los artistas, ni mis favoritos, así que me puedo cruzar con el mismísimo Hirst que no me daría cuenta. Supongo que el despiste es parte de mi encanto (…).
Lejos de todo esto, cuando voy a alguna feria lo primero que me interesa es ver obra, conocer nuevas propuestas curatoriales, charlar con personas del ámbito que puedan enseñarme, aprender de ellos, observar a la gente, las actitudes, y mantenerme al margen. No soy muy de “postureo”. El estrictamente necesario, no más, por favor.
Este año en ARCO me he sentido cómoda. No tan perro verde como años anteriores. Supongo que será porque ya no lo encuentro un lugar tan ajeno, pero sobre todo, siento que el motivo principal es que el arte que había este año, era un arte amable. Muy pocas cosas saltaban a la vista. Con ello, el recorrido se hizo mucho más complicado. Había que ir mirando atentamente para no perderse esa pieza que no se te quitaría de la cabeza una vez todo hubiera pasado. Poco arte político y social, o mejor dicho, menos evidente; poquísima videocreación; poca instalación, o quizá, instalaciones menos engorrosas, más comprables (?); bastantes piezas (de Daniel Canogar, Helena Almeida, etc) vistas en repetidas ocasiones en la misma feria, en el mismo stand, que puede ser hasta cierto punto normal, pero si hasta a mí me pareció cansado…
Como la primera vez que fui a la feria, pasé por ADN. Una de mis galerías preferidas por llevar a artistas comprometidos política y socialmente: Mireia Sallarès, Núria Güell o Eugenio Merino.
Eugenio Merino en ADN.
Elvira González nos proponía nombres consagrados entre los que destaco (mi adorado) Olafur Oliasson.
La Deweer Gallery nos trajo al artista español Enrique Marty, con esas esculturas que sobrecogen, que ejercen esa atracción extraña que hace que quieras huir y permanecer al mismo tiempo. La crueldad y la crítica social como elementos propiamente humanos están presentes en su obra.
Enrique Marty en Deweer Gallery
El stand de la galería italiana Studio Trisorio me gustó. Era limpio, con obras sutiles, delicadas, que transmitían calma… Ahora mientras escribo, me doy cuenta de que es una de las mejores muestras de lo que argumentaba al principio: es un arte amable.
Fabrizio Corneli en Studio Trisorio
En Travesía Cuatro me llamó mucho la atención la obra de Asunción Molinos Gordo, con un técnica más bien artesanal (cerámica) pero cargada de contenido ideológico “Hambre. Un objeto hecho por el hombre”.
Asunción Molinos Gordo en Travesía Cuatro
Por supuesto pasé por Juana de Aizpuru que, sin lugar a dudas, fue uno de los stands que más me gustó. Obras de Alicia Framis, Cristina Lucas o Yasumasa Morimura. Combinó una gran presencia femenina, española, comprometida, con grandes nombres internacionales. Una gran propuesta la de este año.
Cristina Lucas en Juana de Aizpuru
Alicia Framis en Juana de Aizpuru
La Galería Horrach Moya seguro que ha sido una de las más fotografiadas: Joana Vasconcelos, Jorge Mayet (con obras que ya había visto en años anteriores pero que me encantan) o Sylvie Fleury con sus neones de crítica y autocrítica sobre sociedad consumista.
Jorge Mayet en Horrach Moya
El gesto exagerado y el desnudo sin filtros de Esther Ferrer mientras vomita cientos de monedas, nos daba
la bienvenida al stand de la galería Altxerri, que traía un
monográfico sobre esta artista a la que tanto admiro, y la mayoría
de vosotros también.
Esther Ferrer en Altxerri
De Rolf Art Gallery me atrapó la fotografía en blanco y negro de Adriana Lestido, que presentaba mujeres en diferentes situaciones de marginación.
Adriana Lestido en Rolf Art Gallery
La galería de Michael Zink siempre trae buena pintura. En este caso las poderosas imágenes de Rinus Van de Velde, en grandes formatos en blanco y negro, me fascinaron. Me habría llevado a casa uno de ellos sin pensarlo.
Rinus Van de Velde en Gallery Zink
Mi repaso acaba en Colombia, que como sabéis, fue el país invitado. Las propuestas artísticas colombianas me parecen realmente interesantes. Un arte sentido, crítico, que mezcla tradiciones ancestrales con modernidad absoluta… Tengo que seguir profundizando en el arte colombiano porque me parece apasionante.
Resaltaré la propuesta de la galería Valenzuela Klenner. Sí, cierto es que allí sufrí un flechazo, pero la razón principal es que las obras de Liliana Angulo y Edwin Sánchez me resultan muy atractivas. Fotografía, instalación, vídeo y carteles que consiguen obras estéticas, políticas y armónicas.
Edwin Sánchez en Valenzuela Klenner
Mi visita a ARCO, a pesar de ocuparme todo el día, se quedó corta. Me faltó tiempo para pasar por la galería El Museo de Bogotá, ver la obra de Juan Francisco Casas, y como no, la tan comentada obra de Jorge Magyaroff. Eso sí, el vaso de agua de Wilfredo Prieto sí que lo vi. Un vaso más agua. Allí. La obra de la polémica. Pero qué serían de las ferias de arte contemporáneo si no provocaran la discusión recurrente, trillada y necesaria acerca de qué es el arte.
Wilfredo Prieto en Nogueras Blanchard

 

Y en menos de un par de horas será el turno de la personal perspectiva de Diana Guijarro en Cultura Suicida. ¡A por el tercer post encadenado!