DAZ DISLEY Y LA MÍMESIS TECNOLÓGICA. Capítulo 80


Es de todos sabido el largo camino que ha hecho el arte cogido de la mano de la naturaleza. La mímesis, la copia de la naturaleza, ha sido prácticamente hasta finales del siglo XIX, el gran tema central del arte occidental. Y no es de extrañar ya que el artista nos ha querido transmitir su visión del mundo, con más o menos libertad según el caso, inspirándose para ello en lo que le rodeaba y realizando su propia interpretación más o menos simbólica, profunda, alejada de lo real o cercana al modelo.
Ya entrados en el siglo XXI, cuando contamos con herramientas tecnológicas de tercera generación, el arte, que muchos critican por alejado del natural, en mi opinión, no ha ido ni mucho menos tan lejos en muchos casos. Los formatos son distintos, las luchas son las mismas: el hombre, su manera de estar en el mundo (la sociedad) y la naturaleza (como contexto).
Daz Disley, no es artista, o él dice no considerarse así, pero sus preocupaciones encuentran una salida para hacerse visibles, para comunicar, en formas creativas y propiamente artísticas. Llegado desde el mundo de la música, en su mente lo visual es en gran medida otra de las vías por la que las preguntas que se plantea a diario encuentran forma, se hacen explícitas. Por esta razón, lo visual no tiene que ser de un modo determinado: usa fotografía, vídeo y música, por el momento, pero su búsqueda en formatos y herramientas no ha acabado aquí. Lo digital es su lenguaje sin que ello lo aleje de la naturaleza como demuestran sus obras. Para Daz el arte, su arte, es únicamente un canal por el que materializar sus preguntas, es por este motivo que la forma pierde importancia frente al contenido: lo importante es investigar para hallar el camino que le lleve a la respuesta que está buscando. El modo más idóneo para presentar aquello que le preocupa.
En sus fotografías los motivos oscilan, van y vuelven. Del retrato a la abstracción. Del natural a la transposición a formas puras o a su disolución en manchas de color, en movimiento, música insinuada. Imágenes que bailan y nos ofrecen desde una experiencia bella formalmente, a una crítica política y social en la que reivindica su visión del mundo.
En la serie “Euro Witch, Pop Bitch…” la modelo, vestida con los colores de la bandera de la Unión Europea, juega de forma agresiva con un globo que también simula la bandera. Su actitud nos revela el desprecio por esta realidad política. El aspecto desaliñado, dejado, hostil, nos hace preguntarnos ¿es esta la Europa en la que vivo? ¿Es el lugar en el que quiero estar? La respuesta de Daz es clara. A través de la burla nos enseña una realidad que le preocupa, le disgusta y que usando esta serie fotográfica, consigue calmar en cierta forma. Usa la ironía como terapia contra el hastío.
En las series Pea Soup and Polo Mints y Woodland, retoma una fotografía más clásica, aunque no en sentido estricto. Para ello, se traslada a parajes naturales evocadores, misteriosos, que nos ofrecen imágenes de gran belleza pero nos dejan cierta sensación de desazón. Hay en estas fotografías un aire frío, una atmósfera nostálgica y solitaria que atrae e hipnotiza. Hace que queramos saber más.
En la primera, animales en pequeños grupos o en solitario, son captados con gran delicadeza. Objetos de uso cotidiano son abandonados, o están allí, esperando. No sabemos cuándo se olvidaron de ellos ni cuánto tiempo les queda por permanecer descolocados, sin uso. Este sabor algo angustioso, la incertidumbre que desprenden estas imágenes, amplía su belleza. Consigue que sigamos mirándolas esperando un desenlace que no llegará. Son una historia que se quedó congelada en un punto y a la que nosotros llegamos como invitados. Podemos observar pero no intervenir.
En Woodland, Daz nos ofrece ese viaje de ida y vuelta que ya os comentaba al principio. Fotografiando el detalle de los árboles, matorrales y plantas de un bosque, conseguimos ir de lo particular a lo general: de la naturaleza, esa naturaleza (con nombre y apellidos pero que desconocemos), a formas básicas como líneas verticales, círculos, diagonales. Realiza un ejercicio de la abstracción más pura aunque abandonando el proceso un poco antes de perder de vista absolutamente la conexión con la realidad.
En la serie Velocity, sin embargo, muchas de las fotografías sí que finalmente nos sumergen en las líneas, manchas de color, de luz. Realizadas dentro de un coche en movimiento, solo necesita jugar con el tiempo de exposición para conseguir resultados tan sugerentes. Obras envueltas en irrealidad esponjosa. En ensoñación.
En sus vídeos “Blooms”, Daz ha grabado y fotografiado diferentes tipos de flores para después generar una serie de imágenes en 3D que descomponen la figura convirtiéndola en motas de luz y brochazos de color en suspensión en un espacio neutro, mágico, desprovisto de gravedad, donde la flor que ya no es flor, puede moverse y crear formas nuevas que no se parecen a su realidad anterior. La serie Blooms viene a demostrar, como ya lo hizo antes Kandinsky, que el arte abstracto, o mucho de él, tiene la naturaleza como modelo. Que lo que nos rodea no es más que construcciones azarosas pero precisas de formas puras, simples. Y que nuestra percepción depende en mucho de nuestra subjetividad y nuestra capacidad de mirar con ojos distintos. Armarnos con una mirada abierta para que lo no concreto, real, no nos aturda sino que nos haga imaginar un espacio y un tiempo diferentes.

En la última de sus salas, llamada “Vídeo Works” la figura humana vuelve a tomar protagonismo. Entornos abandonados, edificios que se desvanecen y transmutan en formas que danzan, naturaleza que se desdibuja… Todo ello para que la bailarina Fenia Kotsopoulou, su pareja, y algún actor más coreografíen unas pieza que, lejos de proporcionar solamente calma, nos obligan a mirar en nuestro interior y encontrarnos con nuestras propias preguntas. Con nuestros miedos y soledades. También nos incitan a observar a nuestro alrededor y cuestionar la verdad de lo que vemos. Nos puede ayudar a preguntarnos por aquel que tienes al lado. De nuevo, como en sus fotografías, nos atrae y deja la pregunta abierta. El qué ha pasado o qué pasará, sin resolver.

Daz resuelve por medios creativos digitales, cuestiones muy humanas y comunes. Se pregunta por el mundo queriendo hacernos partícipes de sus preocupaciones. Buscando la mejor forma, la más bella, de presentárnoslas. Porque aún en el siglo XXI hay preguntas que siguen abiertas. Porque hay cuestiones que seguramente no encontrarán una respuesta válida para todos y en cada momento. Porque el arte sigue estando conectado a (nuestra, la) naturaleza.

Todas las imágenes son propiedad de Daz Disley.