El Iris de Lucy. El arte desde su contexto hacia lo universal. Capítulo 82.


La conquista de la tierra en su mayor parte no consiste más que en arrebatársela a aquellos que tienen una piel distinta o la nariz ligeramente más achatada que nosotros.

El Corazón de las Tinieblas, Joseph Conrad.

 

Exceptuando contextos muy específicos, hablar de África es hablar desde, aunque intentemos lo contrario, la parcialidad, los tópicos, los arquetipos. Lo colonial aún reside en la mirada del europeo. Esa África que pensamos como conjunto sin hacer verdaderas diferenciaciones (“África no es un país”) ni de etnias, creencias, formas de vida, “desarrollo” (¿os habéis parado a pensar qué significa para vosotros, internamente, a solas, sin tener que desvelarlo a nadie, el término “desarrollo”? ¿Tendría el mismo significado para un habitante de Ghana?).

Esta visión que los africanos no han dejado de sufrir, se ha extendido como no, a todo su ámbito cultural. Nos hablan de arte africano y casi de manera inmediata, sin quererlo incluso, nos vienen a la mente esas máscaras y objetos tribales que tanto atrajeron a los artífices de las primeras vanguardias como Picasso y los cubistas. Y es que la influencia política, y por tanto cultural, es un hecho todavía hoy muy patente ya que económicamente seguimos ejerciendo el control y ralentizando la independencia que África merece. En nuestro imaginario el arte africano no es más que artesanía, en él no existe un mercado de arte contemporáneo porque no existe ese arte en sí, las expresiones artísticas, pues, se encuentra en el terreno de lo tradicional, supeditadas a la religión y las creencias ancestrales, a la falta de libertad.

Por suerte, desde enero de este año en el Musac se ha podido visitar la exposición El Iris de Lucy, que además ha estado acompañada de fantásticos ciclos de cine y actividades. En su inauguración, además de visitas guiadas por el comisario Orlando Brito, acompañado por algunas de las 21 artistas que forman parte de la exposición como Fatima Mazmouz, Amina Zoubir, Myriam Mihindou, Safaa Erruas, Pélagie Gbaguidi y Nicène Kossentini, pudimos disfrutar de un seminario con expertos en arte africano como el propio comisario, la galerista Sabrina Amrani o las propias artistas, que abrieron con sus palabras la mente y los ojos (como platos) de los que pudimos asistir.

El Iris de Lucy quiere reivindicar el arte contemporáneo africano realizado por mujeres. Quiere devolver la voz a sus protagonistas para que en lugar de hablar de ellas, sean ellas las que tomen la palabra. Desea mostrar un arte que lejos de los tópicos, usa herramientas plásticas como el vídeo, la fotografía, el dibujo, la instalación o la pintura, y un lenguaje y unos temas absolutamente contemporáneos. En el Iris de Lucy se habla de territorio, de identidad, de conflictos sociales, de “reconquista” de una realidad que, aunque difícil, quiere ser cuidada, actualizada, cuestionada por sus propias protagonistas.

La exposición pretende ofrecernos una panorámica que atraviesa el continente mostrándonos la belleza, la complejidad geográfica, ideológica, religiosa y lo que significa ser mujer, no solo en su contexto más cercano, sino también, en uno más global. Intenta visibilizar a la mujer africana, no desde una perspectiva trágica y necesitada de nuestra compasión, muy al contrario, desde la imagen de mujeres que crean, habitan, critican, cuestionan convicciones a través del arte. Lanza preguntas sobre la memoria, el territorio, el cuerpo, la raza e incluso el amor. Plantea lazos que unen las culturas de forma global, como en la obra de Pélagie Gbaguidi (Benín, 1965. Vive y trabaja en Bruselas, Bélgica) Never forget the song, 2015, siendo África la cuna de todas ellas. Para Pélagie “ser artista es un acto de reivindicación, un acto de celebración de la vida frente a la muerte“. Es una exposición que nos muestra a una mujer africana empoderada, activa, crítica y poética.

Pélagie Gbaguidi, Never Forget The Song, 2015

Pélagie Gbaguidi, Never Forget The Song, 2015

Orlando desea rebautizar a Lucy, el primer homínido que fue descubierto en Etiopía y que además es mujer, que debe su nombre a que anecdóticamente sonaba en la radio la famosa canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds. Lucy fue entonces también colonizada, descontextualizada, pero en esta exposición el comisario ha querido (hasta el día 12 de junio, quiere) darnos las diversas visiones de mujeres africanas, que como la propia Lucy, pertenecen a un momento de la historia y a un lugar exactos.

En la exposición uno viaja de lo particular y personal, a lo general y global. La muestra deja en evidencia las diferencias tanto como las similitudes. Nos acerca un continente muy desconocido, a través de un arte normalmente ignorado desde occidente.

En las tres salas encontramos piezas de artistas en la diáspora y artistas que viven y trabajan en el lugar en el que nacieron. Las primeras, normalmente formadas en el extranjero (Francia muy a menudo), también trabajan y residen fuera de sus países de origen por lo que sus piezas se han podido insertar más fácilmente en el mercado artístico y ser más conocidas en occidente. Las segundas han decido trabajar desde dentro, apostando por una realidad artística muy diferente a la que todos conocemos (en todo el continente africano hay apenas dos museos de arte contemporáneo y dos bienales, y el mercado artístico se ciñe principalmente a los países del África del norte como Marruecos) pero reivindicando con fuerza su existencia.

La piezas, que tratan el tema del género dentro de las sociedades africanas con recursos plásticos y poéticos absolutamente familiares, representan una realidad no tan alejada de nosotros como solemos pensar.

La obra de Fatima Mazmouz (Marruecos, 1974. Vive y trabaja entre Marruecos y Francia) Super Oum, 2009, en la que a través de vídeos y fotografías se presenta como una superhéroe embarazada, parte de la intimidad para desembocar en la identidad. En sus investigaciones pudo comprobar que en la sociedad en la que se inserta su trabajo, la marroquí, hay un rechazo a la madre, no sólo como mujer, sino también como símbolo. Así con esta obra la artista se posiciona y empodera, cuestionando asimismo tópicos que están muy asimilados en las sociedades contemporáneas. Para Fatima el concepto Madre Patria está completamente obsoleto, por ejemplo. Ella confronta en esta y otras obras, su marroquinidad con su condición de mujer.

Al ver esta pieza me vino instantáneamente a la mente la obra de la española Verónica Ruth Frías, Súper M, 2011, en la que se plantea, de la misma forma que Fatima lo hace, la aceptación de una nueva identidad o de un nuevo rol donde la artista se inventa una nueva manera de ser artista y mujer ante su próxima maternidad. Caminos diferentes pero experiencias vitales idénticas.

Safaa Erruas (Tetuán, Marruecos, 1977) con su pieza Invisibles, 2011, presenta una instalación en la que cientos de pequeños ojos cuelgan sujetos por delicados hilos haciéndonos experimentar una sensación extraña cuando te enfrentas a ella: es enormemente atrayente y en un primer momento tienes la sensación de estar frente a un ser vivo. Estos ojos, cargados de expresión, nos devuelven la mirada y nos hacen caer en la cuenta de la presencia del otro, un otro que toma corporeidad en la mujer africana tantas veces invisibilizada.

Safaa Erruas, Invisibles, 2011

Safaa Erruas, Invisibles, 2011

Stories, 2011, es un vídeo de Nicène Kossentini (Túnez, 1976. Vive y trabaja en Túnez y París) en el que la artista graba a su abuela, una cuentacuentos profesional, poco tiempo antes de su muerte cuando comienza a perder la memoria. Con ello consigue resaltar la importancia de la historia, de la memoria y la transmisión de conocimiento que de forma natural se hace a través de los lazos familiares, y haciendo de este modo, protagonista a la figura femenina dado que en muchas familias son tradicionalmente las grandes transmisoras de sabiduría. Y podréis criticarme que vea conexiones con demasiada frecuencia, puede ser, pero hace pocos días vi la última película de Chantal Akerman, No Home Movie, en la que la cineasta filma a su madre durante algunos meses poco antes de morir. Las conversaciones que tiene con ella, la ternura, la necesidad de dejar constancia de sus vivencias y su saber, en mi opinión, son la misma motivación que llevó a Nicène a realizar su vídeo. Ese deseo de salvaguardar algo de lo bello y lo bueno que nuestras predecesoras, de las que tanto aprendimos y a las que tanto queremos, nos dejaron y que es totalmente inmaterial.

Nicène Kossentini, Stories, 2011

Nicène Kossentini, Stories, 2011

En su obra They Abused Her By Saying, 2010, Nicène intenta mostrar el estado emocional en el que se encontraba en ese periodo usando para ello autorretratos en blanco y negro en formato serie que nos transmite la sensación de movimiento. La asfixia que le invadió tras volver a Túnez después de una larga estancia en Francia, que casualmente o no, era la misma sensación que invadía la sociedad tunecina justo un año antes de la revolución.

Nicène Kossentini, They Abused Her By Saying, 2010

Nicène Kossentini, They Abused Her By Saying, 2010

La artista Tracey Rose (Durbán, Sudáfrica, 1974. Vive y trabaja en Johanesburgo, Sudáfrica) en The Kiss, 2001, obra fotográfica en blanco y negro, reflexiona sobre el choque racial todavía muy presente en la sociedad sudafricana. En la imagen Tracey se funde en un cariñoso beso con un hombre de piel mucho más oscura que ella. Incluso genera desconcierto al no saber si realmente ella es blanca o negra. Ese juego cuestiona y critica los prejuicios raciales haciendo también referencia a una obra hito del arte occidental: El Beso de Rodin. ¿Dónde están los negros en la historia del arte?

Tracey Rose, The Kiss, 2001

Tracey Rose, The Kiss, 2001

El tema religioso también es analizado por las artistas del Iris de Lucy. Una de las piezas de Zoulika Bouabdellah (Moscú, Rusia 1977. Vive y trabaja en Casablanca, Marruecos) Silence Noire, 2015, usa elementos clave de la religión musulmana: la alfombra de rezo. En ella Zoulika inserta, recortando el espacio donde serán colocados, increíbles zapatos de tacón dorados. Su trabajo reformula la cuestión de género, el ser mujer dentro de una cultura en la que las creencias y religión tienen tantísimo peso. Me alegró encontrarme con esta pieza que ya había visto en mi primera visita a la galería de Sabrina Amrani en Madrid.

El Iris de Lucy, Musac, 2016

El Iris de Lucy, Musac, 2016

Estas y otras magníficas obras de 21 artistas africanas os esperan en el Musac de León hasta el día 12 de junio. Si tenéis la ocasión, no os perdáis esta exposición porque aunque aún estemos en junio, estoy segura que será para muchos una de las indispensables de este 2016.