Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso: el museo como dinamizador de identidades


Creo que ser blanco, occidental y haber nacido en un país del primer mundo, marca. En realidad no lo creo, es una absoluta certeza. Y en cierto modo, pienso que muchos de nuestros prejuicios no son ni siquiera conscientes. Esto por supuesto no es una disculpa. Ni mucho menos. Es una llamada de atención. Deberíamos darnos cuenta de nuestras limitaciones, sean propias o adquiridas, de nuestra herencia ideológica, para así, poder tomar decisiones a conciencia. Para poder situarnos en un punto que nos dé perspectiva y nos deje posicionarnos como individuos.

Esto no se puede conseguir si no es a través de una educación que desarrolle el sentido crítico (y autocrítico) y para ello es indispensable que las instituciones públicas se impliquen y den las herramientas básicas para la construcción de personalidades capaces de gestionar y argumentar la opinión propia.

Cuando pienso en un museo que tenga sentido hoy, imagino uno que tenga como premisa la discusión y el diálogo (concepto tan de moda estos días). Un museo que sea un lugar para la batalla, la controversia, la opinión, la diversión, el aprendizaje.

Históricamente, los museos son instituciones colonizadoras en un sentido muy amplio. Colonizaron el saber, los objetos (propios y ajenos), los edificios, las riquezas (muchas veces, ganadas colonizando)… Museos como grandes mausoleos que pretendían una educación objetiva (hija del positivismo) y que nunca, en ningún momento, lo fue. A partir de los años 60 del siglo XX, de la mano con la posmodernidad, las teorías feministas, las reivindicaciones étnicas, los movimientos por la igualdad de derechos de gays y lesbianas…. Es cuando, con la nueva museología y más tarde con la museología crítica, llegamos a este museo, el que tantos otros y yo imaginamos… Pero, seamos honestos, que los expertos consideren (¿consideremos?) que un museo debe ser un campo de batalla, un lugar de conflicto, abierto a interpretaciones y debates, un lugar donde enfrentarse al presente e imaginar el futuro, que se replantee su colección y elabore diversas lecturas no colonialistas, con perspectiva de género, que integre a su comunidad, insertándose en ella y estableciendo una relación de igualdad… ¿Cuántas veces lo vemos en nuestro país?

Planteo todo esto porque hoy quiero hablaros de la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso. Un museo dedicado al arte africano que puede considerarse el único en España y que posee una colección envidiable. Se encuentra situado en el Palacio de Santa Cruz, edificio renacentista que forma parte del rico patrimonio de la Universidad de Valladolid. La familia Jiménez-Arellano Alonso, coleccionistas durante más de 50 años, decidieron donar su colección, en la que el principal protagonismo se lo lleva el arte africano aunque también cuenta con magníficos ejemplos de contemporáneo español, libros o mobiliario, a la Universidad de Valladolid hace más de 10 años, lo que dio origen a esta fundación.

        Sala del Renacimiento. Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso

 

El equipo, hoy totalmente compuesto por mujeres, está dirigido por Amelia Aguado que se apoya en sus conservadoras, Oliva Cachafeiro y Cristina Bayo. Para ellas, desde el inicio del proyecto, los retos han sido muchos y difíciles de solventar:

-Un edificio histórico: uno de los usos más comunes que se dan a los edificios históricos, para que así sigan manteniendo su vida y no se degraden, es el de museos. Esta idea es muy buena aunque conlleva muchísimas dificultades a la hora de acondicionar las salas para albergar el patrimonio. Desde buscar la ubicación adecuada para un almacén, con las condiciones idóneas de temperatura y humedad, hasta encontrar el lugar perfecto para exponer piezas tan delicadas como las pertenecientes, en el caso de la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso, al Reino de Oku. Combinaciones en un mismo objeto de materiales tan frágiles como plumas, papel, piel, pelo, etc, que requieren una iluminación, temperatura y humedad distintas, y sumado al hecho de que en un edificio histórico protegido, las obras que puedes realizar son mínimas, hacen de la conservación un verdadero rompecabezas. En este caso concreto, gracias al cuidado y a la dedicación del equipo, se ha conseguido resolver. En el Palacio de Santa Cruz las salas de exposiciones se han centrado en la colección de arte africano. Son tres las salas visitables: el Salón de Rectores que nos introduce las principales consideraciones sobre el arte africano, sus materiales y usos; la Sala del Renacimiento donde se encuentran los mejores ejemplos de terracotas de las cuencas de los ríos Níger y Congo, con un amplio arco temporal (desde el siglo V a. c. al el siglo XX) y gran variedad de culturas como la Nok, Ife, Djenné, Ewe, etc; y la Sala de San Ambrosio, íntegramente dedicada a la colección del Reino de Oku (República de Camerún), que incluye fascinantes piezas que nos hablan de la figura del monarca y de las sociedades secretas de carácter ritual y mágico que conforman la comunidad.

Palacio de Santa Cruz. Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso

 

-La colección: una colección privada tiene, como primera consideración, una carga subjetiva altísima en la que podríamos rastrear condicionantes sociales, étnicos, políticos e históricos, lo que plantea una primera pregunta: ¿cómo aglutinamos y damos sentido a todos estos objetos para que tengan un lugar en el entramado cultural de nuestra localidad? Por otro lado, es una colección principalmente de arte africano, lo que requiere conseguir que nuestros públicos (los objetivos y los potenciales) tengan, no solo una mente abierta, sino la capacidad crítica y ética para no juzgar, apartar los prejuicios, ganas de aprender, conocer, aportar… Lo más valioso de la colección es el grupo de esculturas en terracota, excepcional no sólo en número sino también por la cantidad de culturas de que está compuesto, localizadas desde las cuencas del río Níger, Congo y sus afluentes, hasta Tanzania o Etiopía. La colección en general, está compuesta por objetos de gran variedad de épocas artísticas e históricas unida a una gran diversidad territorial, e incluye ejemplos desde la Cultura Nok (Nigeria, siglo V a. c.) a obras de arte de contemporáneo español, como las de Carmen Calvo. Por todo ello se hace absolutamente imposible considerarla como un cuerpo no fragmentado. Es necesario además, establecer como prioridad el estudio exhaustivo, permanecer siempre atento a las últimas investigaciones pues las culturas africanas que están presentes en ella en muchos casos ya no existen y no ha quedado ningún testimonio escrito sobre el que apoyar las afirmaciones. Son culturas que se transmiten, muy comúnmente, de forma oral.

Sala del Renacimiento. Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso

 

-Dinamizar el patrimonio e inserirlo en la identidad local: el museo, como institución al servicio de la ciudadanía, debe significar desde su colección o su ideario a la comunidad. Tiene que hacerse necesario y construir un contexto que genere relaciones estrechas con esta, desde su identidad y carácter (en este caso, extremadamente marcado por la colección y el lugar en el que se encuentra), sin anular sus características pero haciéndolas formar parte de la identidad común. El arte africano ya no es ajeno a Valladolid ni a cualquier visitante que por allí pase. Valladolid, ahora, es también representante del arte africano. ¿Y cómo lo han conseguido? La respuesta es simple de escribir pero no fácil de llevar a cabo. Lo han hecho posible gracias a una gran labor de apertura, de educación y de acción cultural: poniendo en marcha proyectos para crear redes con otros museos de arte africano en toda Europa y con asociaciones de ciudadanos africanos locales y foráneas; desarrollando en su sede un programa de seminarios y cursos tanto para expertos como para curiosos: encuentros sobre planteamientos museológicos no colonialistas apoyados por el ICOM, seminarios sobre cultura y feminismos, charlas con agentes de cooperación y acción social en África, etc; celebrando actividades culturales que enraizan con la contemporaneidad como performances, reintempretaciones de la colección, actividades musicales, teatro; ofreciendo un programa educativo a escolares, público en general, diversos colectivos, y un largo etcétera, que desde 2004 ha ido perfilando este museo como un ejemplo de los museos del ahora. Un museo modesto, que depende de un presupuesto y personal mínimo, con unos plazos burocráticos y económicos que en lo público a veces se dilatan demasiado, pero que no cesa en su empeño de ser parte de Valladolid y de ahí a todo aquel que también quiera disfrutarlo.

Talleres infantiles. Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso

 

Fembiem, proyecto de Victoria Bautista. Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso.

 

Los públicos, la sociedad, debe exigir a sus instituciones una labor semejante, que promueva una cultura ligada a las identidades propias, múltiples y diversas, que nos haga partícipes de sus aportaciones. Una cultura que se construya entre todos. Si pasáis por Valladolid, no dudéis en visitar este fantástico lugar.