¿POR QUÉ EL MUSEO DEBE SER SOCIAL?. Capítulo 66


 ¿Por qué preguntarse esto ahora? Como sabéis, soy muy defensora de la teoría museológica. La considero un marco en el que encuadrar la práctica, que en la mayoría de los casos, sigue sin apropiarse de estas filosofías, o cuando lo hace, la usa parcialmente buscando básicamente una apariencia de apertura y una subida en las estadísticas de visitantes.
Para otros muchos museólogos y para mí, este cambio debe ser más profundo y radical. Por desgracia, en la mayor parte de los museos de nuestro país, no se ha producido.
Y es que, cuando hablo con amigos que no se encuentran dentro del ámbito de los museos, me sorprende darme cuenta del concepto que tienen de estas instituciones: un lugar en el que se exponen obras maestras del arte (u obras que no comprenden cuando hablamos de arte contemporáneo), que solo visitan ocasionalmente y aprovechando las visitas guiadas como modo de sentirse integrados.

 

Fundación Jiménez-Arellano Alonso, Arte Africano.Valladolid
Esta situación hace que me plantee muchas preguntas y las respuestas suelen ir siempre en la misma dirección: la mayoría de los museos del Estado Español son públicos, sin embargo, son instituciones que no están verdaderamente comprometidas socialmente, no atienden a las necesidades de la comunidad que las sustenta, siendo su principal objetivo servir de oferta turística. Hablo de generalidades. Tenemos muchos y buenos ejemplos de museos que se esfuerzan por ofrecer servicios útiles a la sociedad, pero mi sensación es que se reduce a ciertos departamentos, como el pedagógico o educativo. No es un fin del museo en sí mismo.
Tres teorías claves nos han llevado a repensar el museo hoy en día. Estas son:
La Nueva Museología nacida en la década de los sesenta, que tiene como principal representante a Georges Henri Rivière y como principal avance los museos comunitarios y ecomuseos. Esta teoría caló profundamente en la latinoámerica, principalmente en México.
La Museología Crítica, que aunque se puede decir que nació paralelamente a la teoría anterior, se ha centrado en la crítica de la misma y da pasos decisivos en el avance hacia lo social, pensando el museo como lugar de conflicto en el que todos los agentes sociales tienen cabida en la construcción de conocimiento, incluidas las minorías sociales.
La Museología Social, muy en la línea de la Museología Crítica, que tomó como marco teórico la Mesa redonda de Santiago de Chile 1972 , pretende hacer del museo una institución dinámica y comprometida con su comunidad, usando para ello las políticas públicas, y de este modo ser nexo de unión entre el pasado y el futuro, tomando parte en la construcción de la realidad.

 

Fundación Mapfre. Madrid.
La teoría, pues, está muy avanzada respecto a la práctica si entendemos que es el museo social el museo del presente y del futuro. Un museo de todos y para todos. Un ente que construye conocimiento y realidad pero no desde dentro hacia fuera, muy al contrario, debe ser en horizontal. Una herramienta de la que la sociedad se sirve para analizar su estar en el mundo. Quizá esta definición puede parecer idealista y difícil de alcanzar, lo sé. A mí misma me lo parece, pero creo, es aquello hacia lo que debemos tender desde la política, el profesional y los ciudadanos en su conjunto.
“Claramente es un momento para flexibilizar, hackear y transformar la institucionalidad, encontrando las grietas y ubicando dentro de ellas zonas de prototipado; laboratorios de la imaginación dónde mixturar experiencias alternativas de gestión cultural, educación expandida, trabajo en red, activismos, colaboraciones extradiciplinares y de construcción de lo público. “
Por todo ello, somos los mismos profesionales los que debemos fomentar este cambio en el museo no solo desde la teoría, también desde la práctica. Debemos exigir a los políticos que gestionan la cultura y el Estado en general, la responsabilidad e implicación necesaria para que esto suceda. Debemos, como ciudadanos, valernos de estas herramientas que son los museos, que albergan nuestro patrimonio, nuestra identidad, nuestro pasado y presente, apropiarnos de ellos y participar en la construcción de lo que está por venir.

 

Centro José Guerrero. Granada.
Un museo no puede ser social atendiendo solo al departamento pedagógico o de intermediación, los cuales, hacen una fantástica labor hoy por hoy en la mayoría de ejemplos. Ser social debe contemplarse por adelantado, desde el mismo proyecto museológico, orientando todo el trabajo que se haga en esta dirección. Lo social empieza desde el mismo equipo que compone el museo: departamentos que trabajen de forma transversal y en comunicación, de forma conjunta. Se debe dar voz a los públicos, que son muchos y variados, creando diálogo y participación. Y no solo a ellos, el museo debe servir también a los profesionales y a los artistas. Hoy en día un artista español es reconocido y expuesto antes fuera de nuestras fronteras, que aquí. No se les da la oportunidad que les corresponde. Y esto mismo pasa con los museólogos, educadores, etc, aunque quizá es menos visible.
El boom que vivimos hace pocos años, que dio como resultado enormes museos vacíos de contenido y sin raíces en la comunidad de la que forman parte, nos debe hacer recapacitar y exigir que el dinero público se use por y para lo común. La mayoría estamos hartos de directores y trabajadores de museos que usan su puesto como lanzadera profesional, ideando estrategias para un grupo minoritario de ciudadanos (élite) y hablando al resto desde un escalón superior, prepotente y paternalista. Repito, no siempre es así pero ocurre muy habitualmente.

 

Dora García.
Sé que muchos pensáis como yo. Otros seguramente no, pero por eso escribo, para que al leernos encontremos quizá puntos de encuentro y nuevas vías de las que aún no nos habíamos percatado.